Medio Ambiente

Crisis climática: La OMM evalúa la sucesión de temperaturas record en la Antártida

La organización designa un relator que recopila las informaciones antes de emitir el dictamen.

Crédito: Federico Anfitti / EFE

Crédito: Federico Anfitti / EFE

Febrero está resultando un mes pródigo en avisos de tem­peraturas récords en la Antártida. Tal vez estemos en un momento muy significativo en la acumulación de pruebas relevantes sobre el calentamiento acelerado también en este continente. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha iniciado el proceso para verificar estas informa­ciones.¿Cómo se homologan estos récords de temperaturas?

El récord de temperaturas que ha generado más expectación tuvo lugar el 9 de febrero en la isla de Seymour (o Marambio) y ha sido registrado por el investigador brasileño Carlos Schaefer.

El termómetro alcanzó los 20,75ºC, con lo que se rebasa por primera vez la barrera de los 20ºC. Seymour, que alberga una base científica argentina, es una de las islas situadas a lo largo de la península Antártica.

“Nunca hemos visto una temperatura tan elevada en la Antártida”, destacó este investigador. El hallazgo se ha efectuado en el marco de un proyecto de investigación destinado a estudiar el impacto del cambio climático en los hielos permanentes.

Poco antes, el 6 de febrero, en la base de investigación argentina Esperanza (situada en el extremo norte de la península Antártica), se estableció otro récord.

En este punto se midieron 18,3°C, con lo que se superó holgadamente al anterior valor máximo, de 17,5°C, al que se llegó el 24 de marzo del 2015.

“Todos estos valores aportados son anormalmente altos y aún deben ser evaluados para ser verificados”, explica Manola Brunet, profesora de geografía de la URV y presidenta de la Comisión de Climatología de la OMM, persona clave en el proceso para validar estos datos.

Brunet explica el procedimiento para homologar los récords.

Los datos de las dos estaciones donde se han producido los posibles récords serán analizados en un largo y meticuloso proceso de verificación, que inicia un relator encargado de recabar las informaciones.

Es este relator designado el que se pone en contacto con los meteorólogos para que le entreguen los datos y hacer las debidas comprobaciones.

Si las informaciones proporcionadas reúnen la calidad suficiente (se analizan las condiciones en que se tomaron: la hora, las características de la medición, la certificación que calibra los instrumentos usados y demás aspectos. ..), se creará un comité de evaluación internacional (integrado con investigadores de reconocido prestigio).

Este comité se encargará de emitir los informes personales, antes de que se reúnan todas estas visiones y se ofrezca el dictamen final de relator, que debe ser publicado en una revista científica internacional.

“Todos los datos se deben evaluar para comprobar que no hay errores de medición, un mal funcionamiento o intervienen otras circunstancias que arrojan dudas sobre la realidad de esos valores”, dice Manola Brunet.

Todo esto se produce mientras se agolpan las evidencias del calentamiento de la Antártida.

La climatóloga Manola Brunet destaca, entre esas pruebas, “la reducción de la extensión de los hielos marinos en el entorno de la Antártida”, aunque de manera no tan generalizada como en el Ártico.

“Estamos perdiendo masa glaciar y, por lo tanto, volumen y espesor de hielo en el sector occidental de la plataforma Antártica”, añade.

La pérdida afecta a todo el hemisferio occidental de la Antártida (mar de Weddell, el mar de Ross y sus golfos).

“Se están produciendo con más frecuencia rupturas de icebergs, que se desgajan del continente y se van fundiendo en el océano”, recalca.

Un tercer elemento es “el claro incremento de temperaturas especialmente en el sector occidental, mientras que el casquete oriental se muestra más estable, aunque en los bordes se han observado fenómenos preocupantes”, sostiene la climatóloga.

Según la OMM, el 87 % de los glaciares de la costa occidental de la península antártica han retrocedido en los últimos 50 años. Además, en la mayor parte de los casos el retroceso se ha acelerado en los últimos 12 años.

En las últimas semanas, es el glaciar Pine Island el que muestra mayores signos de descomposición.

A principios del 2019 se detectaron por primera vez dos grandes grietas; y cada una de ellas se ha expandido rápidamente hasta alcanzar unos 20 km de longitud.

Su pérdida de masa se da por una combinación de desprendimientos y de una intensa fusión en su base, un proceso por el que las corrientes oceánicas cálidas contribuyen al erosionar y socavar la parte inferior de la plataforma de hielo flotante. A medida que la plataforma de hielo pierde grosor y se fragmenta, el proceso da lugar a enormes icebergs, sin que la descarga en el mar pueda ser compensada.

Chris Fogwill, profesor de Glaciología y Paleoclimatología de la Universidad de Keele, confirma a este diario el calentamiento de la Antártida, pero matiza que éste sigue un “patrón complejo”.

“Las áreas de la Antártida occidental y la península antártica se están calentando de manera excepcionalmente rápida, tanto como algunas áreas en el Ártico, pero las áreas sobre la Antártida oriental se están enfriando”, sin que se sepa hasta cuándo, añade.

En cambio, el calentamiento del “océano es mucho más preo­cupante, ya que a medida que se funde el hielo, el derretimiento provoca retroalimentaciones climáticas que amplifican el calen­tamiento”.

Fogwill indica que la contribución de la Antártida a la subida del mar se “está acelerando notablemente”, y “es mucho ­mayor que en cualquier período en los últimos 3.000 años”. ­Recuerda que los deshielos en la Antártida puede elevar el nivel del mar entre 40 y 80 centímetros para finales de siglo (según los científicos del panel del IPCC de la ONU), aunque “otros modelos sugieren más de un metro”.

Todo esto ocurre poco tiempo después de que el año 2019 fue el segundo año más cálido después del 2016, según la OMM.

Y se espera que esta tendencia continúe debido a niveles récord de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera.

La temperatura global anual en el 2019 fue 1,1°C más cálida que el promedio de 1850-1900. El 2016 sigue siendo el año más cálido registrado.

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