Tecnología & ciencia

Crean planta transgénica que limpia el aire gracias a un gen de conejo

Los investigadores de la Universidad de Washington destacan que la nueva variedad de potus elimina substancias tóxicas como el cloroformo o el benceno.

Crédito: Mark Stone / University of Washington

Crédito: Mark Stone / University of Washington

Investigadores de la Universidad de Washington modificaron genéticamente al potus o hiedra pothos (Epipremnum aureum), hasta conseguir una nueva variedad transgénica capaz de eliminar del aire substancias tóxicas como el cloroformo o el benceno.

Las plantas modificadas expresan una proteína, llamada 2E1, que transforma estos compuestos en moléculas que las plantas pueden usar para facilitar su propio crecimiento, según destaca la Universidad de Washington en un comunicado oficial. Los resultados de esta investigación han sido publicados el 19 de diciembre en la revista Environmental Science Technology.

Uno de los detalles más curiosos -y quizás polémico- de este desarrollo en biología vegetal aplicada a la salud ambiental es que los investigadores han introducido en el potus original la versión sintética de un gen del conejo.

La proteína citocromo P450 2E1 (de forma abreviada, 2E1) está presente en todos los mamíferos, incluidos los humanos. En nuestros cuerpos, el 2E1 convierte el benceno en un químico llamado fenol y cloroformo en dióxido de carbono e iones de cloruro. Pero el 2E1 se encuentra en nuestros hígados y se activa cuando bebemos alcohol. Por lo tanto, no está disponible para ayudarnos a procesar contaminantes del aire que respiramos.

Los investigadores hicieron una versión sintética del gen que sirve como instrucciones para hacer la forma de conejo de 2E1. Luego lo introdujeron en el potus para que cada célula de la planta expresara la proteína.

Después de dos años de investigación, los autores compararon la efectividad de sus plantas modificadas en relación a los potus tradicionales. Pusieron ambos tipos de plantas en tubos de vidrio y luego agregaron benceno o gas cloroformo en cada tubo. Durante 11 días, el equipo realizó un seguimiento de cómo cambió la concentración de cada contaminante en cada tubo.

Para las plantas no modificadas, la concentración de cualquiera de los dos gases no cambió con el tiempo. Pero para las plantas modificadas, la concentración de cloroformo se redujo en un 82 por ciento después de tres días, y era casi indetectable al sexto día.

La concentración de benceno también disminuyó en los viales de plantas modificadas, pero más lentamente: en el día ocho, la concentración de benceno había disminuido en aproximadamente un 75 por ciento, según los datos facilitados por la propia universidad.

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