Sociedad

Yemen: Mueren siameses íconos de la mayor crisis humanitaria del planeta

Un sistema sanitario destruido por cuatro años de guerra civil y el bloqueo que sufre la capital han frustrado la campaña lanzada a contrarreloj para que recibieran asistencia médica en el extranjero.

Crédito: YAHYA ARHAB / EFE

Crédito: YAHYA ARHAB / EFE

Abdeljalek y Abdelrahim nacieron alojados en el mismo cuerpo. Sus cabezas compartían hígado, riñones, brazos y piernas. Los siameses de Yemen no han sobrevivido a sus dos primeras semanas de vida.

En los últimos días los médicos que les atendían en la unidad de neonatos del Hospital de la Revolución de Saná habían batallado para obtener un permiso y un avión con el que trasladar a los pequeños. "Necesitan viajar de inmediato. No sobrevivirán en Yemen bajo las circunstancias sociales, políticas y económicas que sufre el país", advirtió el médico Faisal al Balbali la semana pasada en declaraciones a Reuters.

Los siameses, que permanecían con respiración asistida en una incubadora del centro médico, nacieron con espinas dorsales, pulmones, corazones y sistemas digestivos separados. Compartían, en cambio, órganos reproductivos. El conflicto que desde hace cuatro años enfrenta al grupo rebelde chií de los hutíes y el presidente Abdo Rabu Mansur Hadi, con la lucha regional de Irán y Arabia Saudí como trasfondo, ha dejado las instalaciones médicas bajo mínimos.

Desde que en marzo de 2015 comenzaran los bombardeos de la coalición árabe liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, el Aeropuerto Internacional de Saná -controlado por los hutíes- ha permanecido cerrado a la aviación civil. Desde entonces, solo han aterrizado vuelos humanitarios de la ONU en un bloqueo que ha alimentado la mayor crisis humanitaria del planeta, propagando la hambruna, el cólera o la difteria.

La falta de recursos golpeó a los hermanos Abdeljalek y Abdelrahim. En la clínica, los galenos ni siquiera pudieron someterlos a las pruebas de diagnóstico básicas como una resonancia magnética. Y, alertaron, tampoco tenían medios para una intervención encaminada a separarlos. Sin posibilidades de sobrevivir, ambos han fallecido este sábado. El funeral se ha celebrado este domingo y descansan ya en un cementerio de la capital.

El ministerio de Sanidad bajo control hutí ha confirmado el trágico desenlace y, en un comunicado, ha culpado a la coalición árabe de negarse a abrir el aeropuerto de Saná para los bebés pudieran recibir tratamiento en el extranjero. También ha censurado el "silencio" internacional. "Por desgracia, ni la ONU ni la comunidad internacional escucharon nuestros llamamientos", ha denunciado.

"Este drama refleja la situación humanitaria y sanitaria que padecen los niños yemeníes desde hace cuatro años como resultado de la agresión y el asedio. Decenas de personas mueren a diario por el cierre del aeropuerto", sostiene el Gobierno. La reapertura de las instalaciones es uno de los puntos de las negociaciones de paz que arrancaron el pasado diciembre en Suecia y se hallan estancadas a propósito de un canje de prisioneros que los bandos rivales aún negocian.

Para los facultativos que atendieron el parto, Abdeljalek y Abdelrahim ya eran desde su primer llanto un símbolo del conflicto que ha convertido a millones de civiles en víctimas, atrapados en el fuego cruzado. A juicio de Abdelhakim Abu Taleb, director del Hospital de la Revolución, en los últimos años se han incrementado los nacimientos con complicaciones y malformaciones como resultado de las cada vez más precarias condiciones de vida.

Antes de que trascendiera su fallecimiento, la campaña para salvar a los siameses había conseguido tímidos progresos. El Centro Rey Salman para Ayuda Humanitaria y Socorro, una ONG saudí, había realizado gestiones para conseguir el traslado de los pequeños. La Organización Mundial de la Saludtambién se había involucrado en su viaje y "una complicada operación quirúrgica en el extranjero".

Según cifras de la ONU, más de 10.000 civiles han muerto desde el inicio en 2015 de unos bombardeos que han golpeado infraestructuras, colegios, hospitales y zonas densamente pobladas y 14 millones de civiles -la mitad de la población- se halla al borde de la hambruna. Organizaciones independientes, sin embargo, elevan la cifra a más de 60.000 muertos desde principios de 2016. Según la ONG Save the Children, alrededor de 85.000 menores de cinco años podrían haber muerto por las hambruna u otras enfermedades en los últimos cuatro años. Abdeljalek y Abdelrahim acaban de sumarse a una lista que no se detiene.

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