Sociedad

Venezuela: Casi mil menores deambulan por las calles de Caracas

La aguda crisis económica del país ha exacerbado el problema y no hay programas que puedan atenderlos.

Crédito: MIGUEL GUTIÉRREZ /  EFE

Crédito: MIGUEL GUTIÉRREZ / EFE

Los menores solos son un problema que vive a la sombra de la falta de políticas. No hay cifras oficiales, ni de los niños ni de adultos. Un estudio de la ONG Cecodap —que trabaja para prevenir la violencia y promueve el buen trato a la niñez— presentado este mes, reveló que por lo menos 690 niños deambulaban en tres de los cinco municipios de Caracas, principalmente en las riberas del Guaire.

En las organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos de los niños y adolescentes señalan que, a medida que avanza la crisis económica, la presencia se ha hecho más notoria, no solo de niños, ahora también de familias enteras. Verlos pidiendo en los supermercados, panaderías, restaurantes o escarbando en las bolsas de basura se ha hecho una estampa cotidiana en la Venezuela de 2018. Un año con hiperinflación en el que los hogares en pobreza pasaron de 46% a 48%, según las mediciones de la Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano (Encovi), que realizan tres universidades del país.

Las motivaciones para vivir a la intemperie, sin embargo, han cambiado. El problema de estos niños —que hace 20 años un Hugo Chávez en campaña prometió erradicar so pena de quitarse el nombre—, se ha exacerbado. Ahora, los menores de edad se van de casa y dejan la escuela para hacerse cargo de sí mismos y en algunos casos de sus hermanos. Una familia venezolana requiere 40 salarios mínimos mensuales para pagar la canasta básica de bienes, que se incrementó un 122% de octubre a noviembre, lo que explica que para el 94% de la población los ingresos no le alcancen para comer, según la Encovi.

“En los años 90, cuando empezó a aparecer este fenómeno en las ciudades, los niños se iban de sus hogares porque eran víctimas de maltrato, ahora salen a buscar lo que no hay en sus casas, que es el alimento”, dice Nelson Villasmil, representante del Consejo de Protección de los Niños y Adolescente de Petare, una zona popular del este del Caracas. La instancia municipal se ocupa de casos como estos y dicta medidas de abrigo temporal, un recurso de la legislación venezolana por el que se asigna al niño en riesgo a una institución que vele por él, mientras su familia mejora las condiciones para tenerlo.

“Para resolver, para rebuscarme”, es lo que responden los niños, en su mayoría de entre 7 y 16 años de edad, ante la pregunta de por qué viven en las calles. Esta semana, entre el 26 y el 27 de diciembre, Villasmil abrió tres nuevos expedientes de este tipo. En los últimos dos años su labor se ha hecho más intensa. En 2016 solo dictó 10 medidas para pequeños en esta situación, en 2017 fueron 15 y este 2018 ya van 30.

Hasta el año pasado, más de 5.000 niños vivían en instituciones de atención o casas-hogares en Venezuela, la mayoría privadas y también afectadas por el quiebre económico y social. Los cupos son insuficientes para una población que aumenta con el recrudecimiento de la crisis del país, aseguran los activistas. A esto se suma que el sistema público de protección infantil está paralizado por el déficit de ingresos de alcaldías y gobernaciones que debe sostenerlo y por la emigración que los ha dejado sin personal.

El estudio de Cecodap refiere que las instituciones que deben ocuparse de la infancia en Caracas están en cierre técnico por falta de recursos financieros y humanos. En el caso de los niños de la calle la desprotección es mayor por la inexistencia de programas específicos. “Los programas tienen que ser competitivos para que un niño deje la calle, donde lamentablemente consiguen más cosas, aunque corren muchos más riesgos”, enfatiza Villasmil. “Si el Estado ni siquiera es capaz de proveer una alimentación adecuada en los centros de atención, estos niños nunca van a salir de las calles”.

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