Según influyente fundación alemana, la democracia retrocede en el mundo

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Autocracias como Rusia y China, por un lado, y democracias como Estados Unidos o Alemania, por otro. ¿Es este el gran conflicto de nuestro tiempo?  "Es una batalla dura", así describió el canciller alemán Olaf Scholz el clima político mundial durante su visita a Washington el 7 de febrero.

Sin embargo, en una entrevista con la CNN, Scholz se mostró optimista: estaba absolutamente seguro de que la democracia ganaría al final. Porque no es solo una idea occidental, dijo, sino que está profundamente arraigada en el ser humano. "Estoy absolutamente seguro de que la gente de todo el mundo apreciaría el modo de vida que tenemos con la democracia, el Estado de Derecho, la libertad individual y la economía de mercado".

Libertades restringidas, separación de poderes suprimida

Sin embargo, la democracia está más lejos de un triunfo global de lo que ha estado en mucho tiempo. Por primera vez desde 2004, el llamado Índice Bertelsmann de Transformación (BTI) registra más Estados autocráticos que democráticos. De los 137 países en desarrollo y en transición estudiados, solo 67 siguen siendo democracias. El número de autocracias aumentó a 70.

"Este es el peor resultado de transformación política que hemos registrado en los 15 años de nuestro trabajo", dice Hauke Hartmann, director de proyectos en la Fundación Bertelsmann. Esto se debe a que, en promedio, en todo el mundo hay menos elecciones libres y justas, menos libertad de expresión y de reunión, y la separación de poderes se erosiona cada vez más.

Por ejemplo, en Túnez, un país que durante mucho tiempo fue considerado la última esperanza de los movimientos de democratización de la llamada Primavera Árabe. Pero ahora el presidente Kais Saied gobierna por decreto desde que destituyó al Parlamento y al Gobierno en julio de 2021 y anuló partes de la Constitución. Recientemente, Saied disolvió el Consejo Judicial Supremo, que se supone que garantiza la independencia del poder judicial en el país.

Hartmann cita varios ejemplos más en entrevista con DW. "Turquía es el país que más se ha deteriorado en los últimos diez años bajo el mandato del jefe de Estado Erdogan, que en realidad comenzó como un faro de esperanza", afirma. "La separación de poderes y la participación son tan limitadas aquí, que tuvimos que clasificar a Turquía como una autocracia hace dos años. Lamentablemente, esta valoración no ha cambiado desde entonces.

Las élites políticas y económicas, principales impulsoras de las autocracias

Es preocupante que muchas democracias antes estables también se estén deslizando hacia la categoría de "democracias defectuosas". Por ejemplo, el rumbo etnonacionalista del primer ministro Narendra Modi en la India o los gobiernos autoritarios de derecha de los presidentes Jair Bolsonaro en Brasil y Rodrigo Duterte en Filipinas.

"Para mí, estas son las democracias que hace apenas diez años clasificábamos como consolidadas, como estables, y que ahora muestran fuertes defectos en sus procesos políticos. En Europa, conocemos los ejemplos de Polonia y Hungría como saboteadores de los principios del Estado de Derecho de la UE".

¿Cuál es, según Hartmann, la causa del fortalecimiento de los sistemas autocráticos y de la erosión de las normas democráticas? Las principales impulsoras son las élites políticas y económicas que quieren proteger su sistema clientilista y corrupto, afirma. "Nos encontramos en la mayoría de los 137 Estados que estudiamos con un sistema político basado en la participación ficticia y un sistema económico que distorsiona la competencia e impide la participación económica y social."

Esto es especialmente frecuente en Centroamérica, donde la política suele estar infiltrada por estructuras mafiosas. Y en el África subsahariana, donde los individuos se aseguran sinecuras políticas aprovechando la débil institucionalización de los procesos políticos.

La ola de los populistas

Además, quienes se ven amenazados por la pobreza, el hambre y la exclusión social y no ven ninguna mejora a través de los procesos democráticos se han dejado cegar a menudo por alternativas populistas. Y esto no solo en los países estudiados, sino también en democracias consolidadas, como la de Estados Unidos, que el BTI no contempla. La IAV no examina a los países que eran miembros de la OCDE antes de 1989 y que, por tanto, siempre se consideraron democracias consolidadas y economías de mercado.

"Desde las elecciones y la continua popularidad de Donald Trump, así como la irresponsabilidad de las élites inglesas, creo que todo el mundo se ha vuelto bastante iluso sobre la fortaleza de nuestras propias democracias", dice Hartmann. Además de la marginación de determinados grupos de población, considera que el principal problema es el sistema de votación por mayoría simple, que a menudo conduce a la competencia entre dos partidos: "Eso me parece un mecha para la polarización, como probablemente podemos observar mejor en Estados Unidos".

La represión a la sombra de la pandemia

La pandemia del coronavirus también supuso nuevas restricciones a los derechos políticos y civiles en muchos países. En la mayoría de los casos, estos fueron moderados, temporales y, en lo que respecta a las democracias, también legitimados parlamentariamente, dice Hartmann. "Pero sí encontramos excepciones en regímenes populistas con rasgos autoritarios, como Filipinas o Hungría, o incluso en autocracias como Azerbaiyán, Camboya o Venezuela, que han utilizado la pandemia como excusa para impulsar aún más la represión." En autocracias avanzadas como China, el alcance de la vigilancia digital ha aumentado masivamente.

Para Hartmann, a pesar de la tendencia mundial hacia una mayor autocracia, la mayoría de la gente anhela la libertad y la autodeterminación. Es esperanzador, dice, que no se vea un declive en el compromiso de la sociedad civil en promedio mundial. "Tomemos como ejemplo la valiente defensa de las elecciones libres en Bielorrusia, la solidaridad de la sociedad civil en Líbano, la lucha contra la dominación militar en Sudán o la protesta contra el golpe de Estado en Myanmar. Esta gente no va a cualquier manifestación, se juega la vida por una sociedad mejor". Son héroes: el último y más duro bastión en la lucha mundial contra la autocracia.

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