Sociedad

Muestra "Mujeres en la ESMA": Testimonios de horror

Delitos sexuales y violencia de género en la ESMA durante la dictadura militar en Argentina.

 Foto: David Fernandez / Clarín.com

Foto: David Fernandez / Clarín.com

Según la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), el 33 por ciento de las personas desaparecidas entre 1976 y 1983 eran mujeres. Por la ESMA -el centro clandestino de detención y tortura- se estima que pasaron 360 mujeres. A 43 años del golpe militar, una muestra propone volver a mirar los testimonios de las sobrevivientes pero con perspectiva de género.

En un contexto histórico nuevo de reclamos por equidad, aborto legal, fin de la violencia machista, abusos y acosos, con consignas como NiUnaMenos, NoEsNo, YoTeCreoHermana y AbortoLegalYa, la mirada sobre el funcionamiento del centro clandestino y los padecimientos de las mujeres vuelve a revisarse y ponerse en cuestión.

La muestra "Ser Mujeres en la ESMA, testimonios para volver a mirar" -curada por Alejandra Dandan-, reúne testimonios de 28 mujeres sobrevivientes del centro clandestino que dieron ante la Justicia, tanto en 1985 como en los juicios orales de lesa humanidad de la actualidad.

"Lo más perverso que creo que ocurrió y que recién ahora después de muchos años hay mujeres que están reflexionando sobre esto y lo están denunciando es que todas y cada una de las que pasamos por la Escuela de Mecánica de la Armada fuimos víctimas de acoso sexual, y muchas fueron abusadas sexualmente y violadas" (Testimonio de M.L del 6 de febrero de 2014 en el Juicio ESMA, Causa Unificada).

Nuestros cuerpos fueron considerados como botín de guerra. Eso es algo bastante habitual, por no decir muy habitual, en la violencia sexual y el utilizar o considerar a las mujeres como parte del botín es un clásico de todas las historias represivas, de las guerras... son innumerables los casos, forma parte casi de la cultura de la guerra y en este caso no fue una excepción. Hubo muchas variedades en las formas en que esto se produjo pero sí que hubo un tratamiento diferencial entre secuestrados hombres y secuestradas mujeres evidentemente" (Testimonio de S.L. del 18 de noviembre de 2013, Juicio Esma, Causa Unificada).

Las paredes del viejo casino de los varones de la Marina están repletas de testimonios. En un costado, un video, "Yo acuso", donde se escuchan estos testimonios de mujeres que se quiebran o lloran mientras relatan desde violaciones, abusos y golpes a situaciones humillantes: las miraban bañarse desnudas, las torturaban desnudas, las despertaban en medio de la noche para obligarlas a maquillarse y vestirse arregladas para llevarlas "a cenar". Necesitaban mujeres en sus cenas de hombres solos.

Entre los testimonios hay fotos de chicas muy jóvenes, con pañuelos verdes y violetas, reclamando el fin de los femicidios y el aborto legal. El material es de coberturas colaborativas de Pandilla Feminista. El cruce generacional también está en los ejes de las consignas de los movimientos de mujeres: "Lo personal es político", "Vivas nos queremos", "Sororidad".

Las sobrevivientes denunciaron los crímenes del Grupo de Tareas de la ESMA. Hablaron de torturas y asesinatos. Pero les llevó mucho más tiempo denunciar la violencia sexual y de género. Y a la Justicia también le llevó tiempo separar esta violencia de las demás. Recién en 2010 se dictó la primera condena a un represor como violador. Según los registros de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad del Ministerio Público Fiscal, al día de hoy se dictaron 107 condenas en 26 sentencias por abuso sexual, violación y aborto forzado entendidos como crímenes de lesa humanidad.

"En este lugar ocurrieron delitos aberrantes, entre ellos, delitos contra la integridad sexual. Hubo que separarlos de las torturas y los tormentos, y protegemos las identidades para no revictimizar. Son delitos de lesa humanidad que no prescriben. Esta muestra le pone voz a las víctimas", dijo en la inauguración el juez Sergio Torres, a cargo de la Causa ESMA.

Junto al juez, dos sobrevivientes: Ana Testa y Graciela Romero. "Ellos eran propietarios de nuestras voluntades. Eramos objetos. Pasaba lo que pasaba en la sociedad civil: éramos como floreros, mesas, sillas. Había picanas, había golpes, había violaciones. Hoy nos estamos repensando junto al movimiento de mujeres", dijo Testa. A Romero le costó hablar. Contó que casi no entra, que había ido con cuatro mujeres sobrevivientes que al final no pudieron entrar: "El abuso sexual era lo habitual, era inevitable. Creo que no se salvó ninguna compañera. Avanzar sexualmente contra todas fue una estrategia".

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