Sociedad

Latinoamérica: 1 de cada 5 jóvenes no consigue empleo

El paro afecta a 25 millones de latinoamericanos según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo.

Credito: EL PAIS / Getty Images

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Los jóvenes y las mujeres son los más perjudicados en el ámbito laboral latinoamericano, según el estudio Panorama Laboral 2018 lanzado este martes por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Uno de cada cinco jóvenes de 15 a 24 años de la región —el 19,6%— busca trabajo y no encuentra, una cifra que casi triplicaba a la tasa de desempleo entre los mayores de 25 años —6,3%—. El porcentaje de desocupación juvenil en la región se mantuvo en el 14% entre 2012 y 2014, pero se ha disparado en cinco puntos porcentuales desde entonces, en buena medida por la ralentización de muchas de las grandes economías de América Latina y el Caribe. "Esto amenaza el presente, por el desaliento, e impacta en la cohesión social de nuestros países", subrayó el director regional interino de la OIT a escala regional, Carlos Rodríguez, en la presentación del informe.

El problema no se circunscribe, ni mucho menos, a los jóvenes. En el tercer trimestre de 2018, una de cada diez mujeres que buscaba trabajo no los encontró, una tasa mayor a la de sus pares masculinos en el mismo periodo (10% frente al 7,5%). La participación laboral femenina es igualmente más baja: poco más del 50%, más de 20 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres. Ante ese panorama, el director regional ha pedido "seguir impulsando los esfuerzos para reducir la desigualdad salarial" y la brecha de género. Los hombres, según el estudio, ganan 20% más por hora trabajada que las mujeres, y las diferencias no se deben tanto a variables de productividad laboral sino a “discriminación, estereotipos y factores culturales”.

La tasa de paro promedio en América Latina era, en el tercer trimestre del año, del 7,8%, con 25 millones de personas desempleadas. La cifra es ligeramente inferior a la registrada a la misma altura del año pasado, un ejercicio que cerró con una desocupación cercana al 8,1%. De todos modos, el organismo dependiente de Naciones Unidas matiza la mejora: la tasa de desempleo sigue estando por arriba del mínimo del 6,1% registrado en 2014.

Después de tres años consecutivos de aumento del desempleo en Latinoamérica y el Caribe, el leve descenso de este año tiene mucho que ver con la tímida recuperación en Brasil, por mucho la mayor economía regional, donde el desempleo cayó en 0,6 puntos. El gigante sudamericano tiene un 40% de la población económicamente activa regional y el incremento del empleo se ha dado en especial en las grandes empresas. La OIT calcula que en 2019 el porcentaje de personas que no encuentran trabajo puede ser de 7,5% si se cumple la proyección del FMI de 2,2% crecimiento del PIB la región.

Los salarios reales en América Latina y el Caribe, por su parte, subieron en un 1,5% en 2018 —con una inflación promedio menor que la del año pasado—, una tasa notablemente inferior a la registrada en 2017: 3,2%. "La informalidad y el déficit de trabajo decente se han tornado recurrentes en América Latina", apuntó Rodríguez en referencia a los 140 millones de personas que trabajan sin acceso a seguros de salud, pensiones, vacaciones y compensaciones por tiempo de servicios, entre otros beneficios de la contratación formal. "Es urgente de repensar el modelo económico basado solo en crecimiento, sin redistribución. El crecimiento económico es importante, pero si solamente va a la acumulación, las causas de la informalidad se mantienen", dijo el director regional de la OIT.

Por su parte, Hugo Ñopo, especialista de la organización laboral, indicó que si bien las tasas de empleo informal en la población adulta latinoamericana van de 40% a 50%, estas crecen de 70% a 80% en los trabajadores menores de 25 años. Sin embargo, las condiciones de informalidad en el trabajo juvenil pueden ir más allá de la falta de los beneficios de ley. Jovi Herrera de 21 años y Jorge Luis Huamán de 19 años murieron en junio de 2018 durante un incendio en una galería comercial en el centro de Lima. Su trabajo consistía en borrar una marcha china en fluorescentes ingresados al país latinoamericano a través del contrabando para reemplazarla por una enseña de prestigio. Quedaron atrapados debido a que su empleador los encerraba con un candado por fuera.

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