Sociedad

Irak: Conmocionan los asesinatos en serie de mujeres destacadas

Una activista y una modelo han sido abatidas a tiros la semana pasada en plena calle.

Foto: La Vanguardia

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Tara Fares (22 años) y Suad al Ali (46 años) estaban lejos de tener historias personales parecidas, pero las unía ser mujeres, iraquíes y ser reconocidas públicamente. Las dos fueron asesinadas a sangre fría por hombres armados la semana pasada en las calles de Bagdad y Basora a sur de Irak.

Sus asesinatos, sumados al de otras dos mujeres reconocidas en el campo de la estética en el mes de agosto, han prendido las alarmas sobre una nueva ola de violencia que tiene en su punto de mira a mujeres que intentan romper los cánones tradicionales en una sociedad conservadora como la iraquí, donde la ideología radical sigue teniendo una gran penetración.

El primer impacto llegó el martes pasado cuando la activista Suad al Ali fue asesinada en Basora. Salía de un supermercado y estaba a punto de subirse a su coche cuando un joven le disparó dos veces en la cabeza. Junto a ella estaba su compañero, que logró sobrevivir al ataque. El asesinato de Al Ali, una reconocida activista por los derechos humanos y directora de la organización Al Uid Alaiami, fue interpretado en aquel momento de maneras diferentes. Un sector gubernamental local intentó quitarle importancia al relacionarlo con cuestiones familiares, como suele pasar con la mayoría de los asesinatos de mujeres en Irak.

Otros observadores políticos, sin embargo, lo vincularon con las protestas que se llevan a cabo desde el verano en Basora, la segunda ciudad de Irak y capital de la provincia que produce alrededor del 80% del petróleo del país. Miles de personas se movilizan para protestar por el abandono del Gobierno central y la falta de infraestructuras que hace la vida prácticamente imposible para los habitantes de la ciudad, donde la mala calidad del agua potable ha terminado con la hospitalización de más de 30.000 personas.

Suad al Ali, de 46 años y madre de cuatro hijos, había sido una de las personas al frente de las protestas y su actividad la había convertido en objetivo de críticas por parte de los grupos de milicias de mayoría chií que operan en la ciudad y que la acusaban, a ella y otros activistas, de estar siendo apoyados por Estados Unidos.

Dos días más tarde, Tara Fares, una modelo cristiana que en el 2014 quedó finalista en el concurso de Miss Irak, era asesinada en las calles de Bagdad al volante de su Porsche blanco descapotable. En el vídeo publicado por las autoridades se ve cómo un hombre enmascarado introduce el arma por la ventanilla. Según los doctores que la recibieron en el hospital, tenía tres heridas de bala.

Días atrás, Fares había sido distinguida como una de las seis personas más influyentes en las redes del país, especialmente en Instagram, donde superaba los dos millones y medio de seguidores. Las fotos donde posaba con diferentes atuendos, incluida la bandera iraquí, la habían convertido en un personaje extremadamente popular entre un sector de la sociedad, especialmente miles de jóvenes que la tenían como su ídolo.

Pero también era odiada por muchos. Después de su muerte, un periodista de la televisión iraquí, Al Iraqiya, llegó a publicar en Twitter: “Era una puta y merecía ser asesinada”. El tuit, si bien fue borrado rápidamente, deja en evidencia el pensamiento de un gran sector de la sociedad iraquí que se niega a aceptar que las mujeres tengan un papel protagonista en la sociedad y mucho menos cuando ese liderazgo trae consigo incentivar a otras mujeres para que tengan una voz propia.

Los seguidores de Tara, que desde su muerte han publicado decenas de fotos suyas en las redes, acusan a los fanáticos religiosos del asesinato. “No me asustan aquellos que niegan la existencia de Dios, los que me aterrorizan son aquellos que matan y sacrifican para probar la existencia de Dios”, había escrito Tara, cristiana hija de un iraquí y una libanesa, en Instagram. Debido a las amenazas que recibía habitualmente, la joven había trasladado su residencia tiempo a atrás a Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, pero seguía visitando Bagdad por cuestiones de trabajo.

Este asesinato ha recordado los de otras dos mujeres relacionadas con el campo de la belleza durante el pasado agosto. Rafif al Yaseri, una reconocida cirujana plástica de 32 años a quienes las televisiones habían apodado la Barbie de Irak, y Rasha al Hasan, dueña de un reconocido centro de belleza, quienes fueron asesinadas en sus respectivas casas con un día de diferencia. En ambos casos el Gobierno vinculó sus muertes a problemas personales o familiares. El Ministerio del Interior aseguró que la cirujana había muerto por una sobredosis.

“Cualquiera que encuentre una excusa para aquellos que matan a una joven sólo porque ha decidido vivir como la mayoría de las otras jóvenes en el planeta es un cómplice de su asesinato”, escribió en las redes Ahmad al Bashir, un comediante iraquí que vive exiliado en Jordania después de recibir amenazas de muerte.

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