Sociedad

Holanda: El 75% de los niños en acogida ha sufrido violencia en los últimos 70 años

Según un informe de investigación encargado por el Ejecutivo holandés, la falta de protección y la mala supervisión gubernamental fueron parte de la causa.

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Un 75% de los niños a cargo de alguna institución de cuidado de menores en Holanda ha tenido que lidiar con algún tipo de violencia física, sexual o psicológica, entre 1945 y hasta la actualidad. Los agresores han sido generalmente sus monitores, padres adoptivos y otros niños de su entorno. Según un informe de investigación encargado por el Ejecutivo holandés, la falta de protección y la mala supervisión gubernamental fueron parte de la causa. Los testimonios recogidos son "aterradores", según el comité.

"Se enviaba niños a los hogares de acogida sin pensárselo dos veces. Si los niños hacían pis en la cama, durante esos años se pensaba que lo hacía a propósito, así que les hacían desnudarse delante de todo el grupo y les ponía su calzoncillo empapado con el pis en la boca, al mismo tiempo que les pegaban con un cinturón. He escuchado esta historia una y otra vez", lamenta el pedagogo Micha de Winter, jefe del comité investigador. Otros menores fueron enviados a estas instituciones porque se consideró que "no encajaban en la sociedad", dice.

El caso de la ya anciana Wil Vissers, que ahora tiene 79 años, es de los primeros documentados por este comité. Después de un bombardeo en La Haya en 1943, fue colocada en un centro por la Agencia de Protección Infantil, con sus seis hermanos y hermanas. Su padre estaba enfermo, su madre no estaba en casa cuando se produjo el ataque, por lo que fue relevada como autoridad materna. Todo iba bien en ese centra, hasta que en 1947 Vissers fue asignada a una familia de acogida en una zona rural de Brabante.

"Eso fue un infierno, para ser honesta. La mujer estaba frustrada, me pegaba. El dueño de la casa apenas se metía. Sus propios hijos se había ido de casa. Entonces, él empezó a abusar sexualmente de mí, lo hizo durante siete años, desde que tenía 14 hasta los 21", cuenta. No podía escapar de sus garras, no conocía nada ni nadie en esa aldea, y los inspectores de Protección Infantil iban a la casa cada tres meses, pero su violador le había pedido "estarse callada y ser agradecida".

El informe está siendo todo un escándalo en Holanda. "Había un monitor de grupo que intentaba tocar a las chicas, como a mi amiga Sandra. Abusó sexualmente de ella. Le amenacé con escribir una carta que le daría a otro monitor en el que confiaba, pero me descubrió y me amenazó. Me dijo que si abría la boca, acabaría en una institución cerrada y nunca saldría de allí", cuenta Danny Leona, que entró en un centro de acogida en 1989, cuando tenía 12 años.

Los resultados de este informe no sorprenden a Danny, que ya denunció en varias ocasiones esta práctica. "Continuó acosándome y amenazándome. La atención juvenil nunca me hizo caso, decían que solo quería llamar la atención y que estaba celosa de la atención que Sandra recibía de él", relata sobre aquello. Las advertencias con que sería trasladada a otro centro hicieron que sobreviviera a los abusos, hasta los 16 años, cuando abandonó ese lugar.

Ambas mujeres escribieron un libro contando su experiencia. Vissers encontró a su madre cuando cumplió los 51 años, lo hizo sola, sin ayuda de los servicios sociales porque nunca quisieron cooperar, según contó a la televisión holandesa NOS. Incluso hoy, según testimonios recogidos por el informe, el clima sigue siendo inseguro. Los niños sordos y ciegos, por ejemplo, fueron "golpeados con fuerza" hasta finales de los setenta para "aprender a comportarse".

El Comité para la Investigación de la Violencia en el Cuidado Juvenil se formó en 2015 a petición del Ministerio de Justicia, después de una sucesión de denuncias por parte de los afectados. Durante los últimos cuatro años han entrevistado a miles de personas que han pasado por hogares de acogida o instituciones de atención juvenil, incluidos los psiquiátricos para jóvenes, hogares para personas con discapacidad mental o física, y también a los menores en centros de solicitantes de asilo.

La violencia física ha ido disminuyendo y no eliminando, con los años, pero las agresiones psicológicas se han mantenido en Holanda desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Las víctimas han reportado principalmente hostigamiento, humillación y aislamiento como formas de violencia psicológica, lo que tuvo consecuencias negativas sobre su vida adulta, como problemas para relacionarse con amigos y pareja, o criar a sus propios hijos.

El comité no encuentra una explicación clara para esa violencia generalizado en el cuidado de jóvenes y considera que era resultado de una combinación de factores. Los cuidadores entendía que los niños en instituciones u hogares de acogida "deberían ser disciplinados" y "los castigos físicos formaban parte de la vida cotidiana", más teniendo en cuenta que las primeras décadas posteriores a la guerra, pegar a los niños no estaba prohibido por ley.

Otro factor, señala el informe, es la falta de dinero que se invertía tanto en el personal como en las infraestructuras y cuidados de los menores, especialmente en la etapa anterior a los 2000. "En un sentido financiero, el cuidado de los jóvenes holandeses ha estado siempre mal pagado". Además, la supervisión de los niños colocados en hogares "fue y es insuficiente", nadie intervino en la violencia ni le puso fin porque tampoco se presentaba atención a casos individuales, a juicio del comité.

No fue hasta casi los noventa cuando se introdujeron los procedimientos para presentar quejas y denuncias, pero apenas se utilizaban porque los niños no se atrevían a hablar de violencia. "El gobierno apenas reaccionó a las señales de violencia. La supervisión nacional ha aumentado en las últimas décadas, pero sigue siendo remota. El gobierno y las instituciones deben reconocer que han fracasado", concluye el comité. "Los hallazgos son incómodos, pero claros, y las historias son impactantes", según Justicia.

Además de documentar la violencia que existió en los últimos setenta años, lo alarmante es que el informe señala que las víctimas tienen que vivir con las consecuencias y la violencia sigue siendo un problema en el cuidado de los jóvenes. Algunos instituciones ya han pedido perdón por no haber prevenido ni detenido esos abusos. El propio Gobierno holandés se ha sumado a las disculpas, comprometiéndose a prestar más atención al problema. "Que quede claro: esta violencia no debería haber ocurrido. Ofrecemos disculpas, reconocimiento, ayuda y apoyo del gobierno a las víctimas".

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