Sociedad

España: 2,8 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual

La Macroencuesta del Ministerio de Igualdad muestra el machismo en todas sus formas: un 57% ha sido víctimas de tocamientos, miradas lascivas o ‘stalking’.

Crédito: ANDREA COMAS / EL PAÍS

Crédito: ANDREA COMAS / EL PAÍS

La violencia machista física o sexual sufrida por las mujeres por parte de la pareja o exparejas se mantiene casi inalterable. La Macroencuesta de Violencia contra la mujer 2019, que se realiza cada cuatro años y se presentó este jueves, concluye que un 13,7% (2.802.914 mujeres) de la población femenina de 16 años o más residentes en España han soportado violencia sexual a lo largo de su vida de cualquier persona —pareja actual, parejas pasadas o personas con las que no se ha tenido relación—. Se ha producido un ligerísimo descenso en las agresiones dentro de la pareja, pero han aumentado, también en una ínfima proporción, fuera de la pareja con respecto a la encuesta de 2015.

Timanfaya Hernández, psicóloga forense y especializada en este tipo de violencia, explica que la situación no cambia debido a que se interviene “cuando ya ha pasado algo”. “Es necesario actuar en edades tempranas para que no se adopten ideas o mitos sobre los roles del hombre y la mujer, el control y la desigualdad en la relación”, aclara. En las consultas de su gabinete Globaltia psicología tratan situaciones de violencia en adolescentes. “A esa edad ya hay que tener muy interiorizados los valores de la igualdad, pero hay veces que no ocurre. Y eso es lo que falla”, comenta.

Este año, la consulta realizada por la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género ha querido ir más allá y ha preguntado por primera vez a las entrevistadas (9.568 personas) sobre otras formas de violencia sexual, que permiten concluir al Ministerio de Igualdad que una de cada dos mujeres (11,6 millones, un 57,3%) ha soportado violencia sexual por el mero hecho de serlo. Esta última cifra es global y comprende desde conductas más o menos severas como miradas lascivas, tocamientos, envíos de imágenes para intimidar, stalking (acoso continuado vigilando de forma permanente a la víctima), entre otras, a violaciones.

Se interpela a las entrevistadas sobre si han soportado miradas insistentes, si han recibido fotos o imágenes sexualmente explícitas, bromas sexuales o insinuaciones inapropiadas en las redes sociales que les hayan hecho sentirse ofendidas o humilladas. También, se pregunta por amenazas con consecuencias desagradables en su trabajo, como despidos si se rechazan propuestas sexuales y si se ha tenido contacto físico no deseado como tocamientos.

De esos 2,8 millones de mujeres víctimas de violencia física y sexual, un 6,5% (1,3 millones) fueron agredidas por personas con las que no han mantenido ninguna relación y a un 3,4% les sucedió en la infancia (antes de cumplir los 15 años). Un 2,2% (453.000 mujeres) han reconocido haber sido violadas alguna vez en su vida. Casi el total de las mujeres que han sufrido violencia sexual, aseguran que el agresor fue un hombre, y en la mitad de las ocasiones (49%) se trataba de un amigo o conocido.

El problema se agudiza debido a las pocas denuncias. Solo ocho de cada 100 víctimas de ataques y acosos fuera de la pareja denunciaron las agresiones a la Policía, la Guardia Civil o el Juzgado. En el caso de las que viven en pareja, ese índice sube al 22%. Las mujeres víctimas de una violación, aducen como motivos para no acudir a las instituciones y denunciar, la vergüenza, el ser menor, el temor a no ser creída y el miedo al agresor, por ese orden.

En el maltrato dentro de la pareja, no se denuncia sobre todo “por haberlo resuelto sola o no dar importancia a la violencia sufrida o haber terminado la relación”. A todo ello, se suman las consecuencias psicológicas que arrastran las víctimas. El estudio concreta que seis de cada 100 mujeres que han pasado por un episodio de violencia sexual, han tenido pensamientos de suicidio, cifra que sufre al 38% en las violaciones.

Ante los datos, la ministra de Igualdad, Irene Montero, reconoció durante la presentación de la macroencuesta: “Es evidente que necesitamos hacer una autocrítica severa. Necesitamos políticas públicas concretas, porque somos conscientes de que la respuesta institucional es insuficiente”. Para ello, anunció la elaboración de una Estrategia Nacional contra las Violencias Machistas para 2021 a 2025.

Una víctima de violencia machista, que pide que no se den sus datos, explica que no se denuncia “por miedo”. “Yo me callé durante mucho tiempo. Al principio no eres consciente y cuando lo eres sigues ahí, porque has apostado por esa relación, tienes un hijo...”. Ella, licenciada y con un doctorado, denunció después de que su entonces marido le pegara un puñetazo que la tiró al suelo que le produjo una brecha en la cabeza. “Delante de mi hijo, a las puertas del colegio”. Uno de los problemas son las pruebas, tener testigos, un parte médico... “No es siempre posible, porque no te pegan una paliza, son bofetones, te cogen del cuello, te tiran contra la pared, puedes tener moratones, pero pueden pasar por un golpe con una puerta”. Ahora ha pasado página, pero reclama más especialización en el personal de los juzgados y más información de a qué se enfrentan las víctimas al denunciar.

Miguel Lorente, exdelegado de violencia de género, considera que se está produciendo cierto cambio en la sociedad en cuanto a la violencia de género, pero no es homogéneo. “Han aumentado las denuncias con respecto a 2011, pero es una circunstancia propiciada por el cambio de conciencia de las mujeres, que no aguantan determinadas situaciones”, comenta. Sin embargo, considera que los hombres van por detrás de este cambio de mentalidad y “no han cambiado casi nada al respecto, van por detrás de las mujeres, y por eso todavía se recurre a la violencia”. Esta es la razón por la que existen muchos episodios relacionados con violencia de género que ni se cuestiona denunciarlos. "La agresión física, psicológica, sexual, todo se sigue encuadrando dentro de una cierta normalidad. Incluso se justifica con razonamientos del tipo “se me ha ido la cabeza”. “Se intenta quitar trascendencia a estos hechos”, concreta. Esta situación, de restar importancia a la violencia, la ha vivido Lorente con mujeres ejerciendo de forense. “Me impactaron comentarios como 'mi marido me pega lo normal, pero esta vez se ha pasado”, relata. Mantiene que hay que detectar a las mujeres con problemas, no esperar a que denuncien. “Porque estamos viendo que no lo hacen”.

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