Sociedad

El Supremo de Brasil impone el debate sobre la despenalización del aborto

En pleno año electoral la Corte convocó a expertos, instituciones y organizaciones nacionales e internacionales para un debate público sobre la interrupción del embarazo.

Crédito: FERNANDO FRAZÃO / AG. BRASIL

Crédito: FERNANDO FRAZÃO / AG. BRASIL

La discusión sobre la despenalización del aborto hasta la 12ª semana de gestación avanzó en Brasil en la misma semana en que los senadores de la vecina Argentina se preparaban para deliberar sobre el tema.

La Corte Suprema brasileña analizará una acción interpuesta en 2017 por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y la ONG Anis – Instituto Bioética a partir del caso de Rebeca Mendes, una brasileña que se vio obligada a abortar legalmente en Colombia ante la imposibilidad de hacerlo en Brasil. Reclaman que los 11 jueces del tribunal consideren incompatibles con la Constitución de 1988 los artículos 124 y 126 del Código Penal que penalizan el aborto. La mujer que lo hace de forma ilegal puede ser condenada hasta tres años de cárcel; el médico responsable del procedimiento, cuatro años. No se sabe todavía cuándo decidirán sobre el tema, pero la discusión abierta de un asunto considerado tabú ya es un hecho por si importante.

Brasil permite el aborto bajo tres supuestos: cuando la mujer sufre una violación, cuando el feto no tiene cerebro o cuando la gestión supone un riesgo para la vida de la madre. Aun así, el número de procedimientos ilegales e inseguros sigue a niveles alarmantes. “La criminalización no impide que las mujeres aborten y, desde un punto de vista jurídico-constitucional, viola el derecho a la autonomía, la libertad, la ciudadanía y la vida de las mujeres”, explicó Luciana Boiteux, abogada del PSOL responsable del caso.

El Ministerio de Sanidad calcula que de 2008 a 2017 se realizaron entre 9,5 y 12 millones de abortos en Brasil. Al menos cuatro mujeres mueren todos los días en hospitales públicos debido a procedimientos peligrosos en hospitales clandestinos o medicaciones abortivas, según el organismo. La mayoría son pobres, negras y poco escolarizadas, ya que no pueden hacer frente a los altos costes de una clínica abortiva en buenas condiciones. Las más pobres son también las que más comparecen ante la Justicia, según un estudio del Defensor del Pueblo de Río de Janeiro.

“Si el Supremo despenaliza el aborto, las mujeres y los médicos ya no podrán ser encarcelados. Se trata del primer paso hacia la legalización, que se hará efectiva con políticas públicas y que las mujeres puedan acceder a servicios públicos gratis”, añadió Boiteux.

En Brasil, una nueva ola feminista que reclama una ley de plazos ha ocupado las calles y los espacios de discusión, impulsando el debate nacional. El 64% de los brasileños se decían contrarios a la despenalización del aborto en diciembre de 2016, según una encuesta del Instituto Datafolha. Un año después la cifra descendió a los 57%. Los que defienden la nueva legislación argumentan que se trata de un tema de salud pública y del derecho de la mujer de decidir sobre su vida y su cuerpo.

Pero la mayoría conservadora en el Legislativo no se aventura a sacar adelante una nueva ley. Ni siquiera a debatir el tema. Sin embargo, una comisión de la Cámara de los Diputados sí aprobó en 2015 dificultar y criminalizar los casos que hoy son admitidos. La solución fue llevar el tema al Supremo Tribunal Federal. “El debate es imposible, una vez que menos del 11% de los parlamentarios son mujeres. El Congreso está controlado por hombres ricos, blancos y que dicen ser religiosos”, explicó Boiteux, la abogada del PSOL. Los que condenan la interrupción del embarazo, como la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, que mandó a sus representantes a debatir el tema en el Supremo el lunes, apelan a cuestiones morales y religiosas. Argumentan que una vida empieza en la concepción del feto y creen que la legalización aumentaría el número de abortos – los datos internacionales muestran lo contrario.

No todos los religiosos que estuvieron en el Supremo así lo pensaban. El lunes, la pastora luterana Lusmarina Campos Garcia se refirió a la Biblia para respaldar la despenalización del aborto. El Antiguo y el Nuevo Testamento lo admiten, pero el texto sagrado ha sufrido una “apropiación machista”, aseguró. “Las inquisiciones contra las mujeres continúan, aunque travestidas de otras formas”, argumentó. “El único con poder de juzgar es Dios, y Dios es amor incondicional. La capacidad de generar una nueva vida es mucho más que cumplir una ley de la naturaleza, de la sociedad o de la religión. Se necesita una decisión reflexionada de hombres y mujeres que poseen la capacidad de elegir tener hijos e hijas amadas y deseadas”, completó.

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