Sociedad

Argentina: Encuentro Nacional de Mujeres

Desde el viernes hasta el lunes se espera una concurrencia masiva en La Plata. La gran diferencia con otros eventos es que todas tienen la palabra y que es autónomo del poder político y autofinanciado sin dependencias económicas de los gobiernos o empresas.

Crédito: An Mombe / INFOBAE

Crédito: An Mombe / INFOBAE

El Primer Encuentro Nacional de Mujeres se hizo en la Ciudad de Buenos Aires, en 1986, con mil participantes.

—Nosotras lo único que queríamos es que las mujeres vinieran a escucharse entre sí. El Encuentro era contar, relatarse las experiencias, saber que tu problema es mi problema y que lo que te pasa a vos no solo te pasa a vos— explicó Lidia Otero, una de las pioneras, en una forma de reunión que no es similar a un congreso profesional (porque no tiene jerarquías), a una asamblea (porque tiene una masividad que es solo comparable a una marcha o un mundial de fútbol), a una manifestación (porque no solo se pide, sino que se escucha, piensa y reflexiona), a un conversatorio (porque no solo se habla, sino que se sacan conclusiones, se marcha y se elige otra sede para continuar con la tradición el año próximo) o a una fiesta (pero que también es carnaval, fiesta y alegría). En realidad, el secreto es que no es parecido a nada. Y la originalidad del Encuentro es, a decir verdad, el gran secreto del auge del feminismo argentino.

Es un evento que reúne a 30, 50, 90 mil mujeres y –tal vez– más, en una convocatoria que implica meses de organización, juntada de fondos, logística de micros y hoteles (y esa organización después se replica en marchas, vigilias, lecturas y convocatorias) y genera un training para juntarse que se aceita más cada año.

El Encuentro de Mujeres es un evento único en el mundo: un woodstock feminista, una marcha de dos días, un pogo de rock y cumbia en donde se salta, se baila y se acampa: una democracia popular pero viva y sin estatuas; un carnaval que hace de la fiesta un reclamo; una forma de salir de la casa para las que nunca salen y de entrar en otras realidades para las que solo viven en un microclima y una reunión de una diversidad y multiplicidad que no se parece a nada.

Uno de sus atractivos son los talleres que se realizan en un turno mañana y un turno tarde, durante dos horas, en escuelas y centros culturales para hablar de una infinidad de temas, en un aula, con la palabra en igualdad de condiciones para todas las participantes y con la finalidad de sacar conclusiones que después se leen el lunes de la última jornada. Los nombres y los intereses van cambiando. Pero la metodología continúa.

En los ochenta los talleres fueron de identidad; violencia doméstica; salud; participación; educación; iglesia; feminismo; dinero; tercera edad; deuda externa; estereotipos sexuales; medios audiovisuales; industria; jardines maternales; familia tradicional y nuevos modelos de familia y la ley. Los tiempos cambiaron. Y tanto. En ese momento no existía, ni siquiera, la ley de divorcio. Ahora se reclama la aprobación del aborto legal, seguro y gratuito.

La importancia del Encuentro es que delinea las bases –como si fuera una Constitución- del movimiento de mujeres. Por ejemplo, a partir de los intentos sistemáticos de introducir a mujeres anti derechos en los talleres se decidió que no se iba a discutir si estar a favor o en contra de la ley, sino las estrategias para sacar de la clandestinidad y el closet a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Se discute casi todo, pero hay puntos que ya no se discuten.

Entre las 45 mujeres que formaron parte de la Comisión Promotora del Primer Encuentro de Mujeres estuvieron Lita Boitano (madre de dos hijos desaparecidos); Martha Villafañe (una pionera en la neurocirugía); Nelly Casas (periodista de revistas femeninas y diarios); Mariana Delbúe (impulsora de la matemática y la informática entre mujeres); Ethel Díaz (ex diputada); Lilia Saralegui (ex concejala); Magui Bellotti (abogada gremial); Nora Cortiñas (Madre de Plaza de Mayo) y muchas otras.

En el 2001 el Encuentro fue en La Plata. En el 2019 también. Hay dieciocho años en el medio y treinta y cuatro años de una convocatoria única y un feminismo multiplicado. La historia no nace de un repollo. Y sigue construyendo futuro. “La gran diferencia fue que todo el mundo podía hablar”, rescató Elena Tchalidy. Y ese espíritu sigue vivo: todas tienen la palabra.

Fuente: INFOBAE