Sociedad

América Latina: 500 lenguas originarias corren peligro

Desde la Patagonia hasta Mesoamérica, un atlas actualiza las lenguas originarias de pueblos indígenas, amenazados hoy por todo tipo de presiones económicas y culturales, que luchan por mantenerlas vivas.

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Memoria viva de saberes que han sobrevivido a lo peor de las conquistas europeas, las lenguas originarias perviven amenazadas por la presión económica sobre sus territorios, el éxodo rural y la falta de apoyo público.

Por el patrimonio cultural que representan y la vulnerabilidad que llega al peligro de extinción inminente en muchos casos, la Unesco declaró 2019 como Año internacional de las lenguas indígenas. Para la institución, el derecho de una persona a utilizar el idioma que prefiere es “un requisito previo para la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión”.

América Latina no es la región con mayor número de lenguas, ni de hablantes —una estimación muy aproximativa podría arrojar 25 millones—, pero sí es la que presenta más diversidad. Los alrededor de 500 idiomas nativos que se hablan se agrupan en 99 familias que se extienden desde la Patagonia hasta Mesoamérica, según el Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas de América Latina, publicado en 2009 bajo el auspicio de Unicef y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) y que se mantiene como uno de los trabajos más completos para mapear esta realidad.

Esa diversidad es la principal riqueza lingüística de la región, pues es un reflejo de la diversidad cultural y étnica de sus pueblos y permite investigar la historia del poblamiento del territorio a lo largo de los milenios, según explica Inge Sichra, sociolingüista austriaca radicada en Cochabamba (Bolivia), coordinadora del Atlas y fundadora del Programa de Formación en Educación Intercultural Bilingüe para los Países Andinos (PROEIB Andes).

Para la escritora mixe y lingüista Yásnaya Elena Aguilar, no existen características lingüísticas comunes a todos los idiomas originarios, pero sí una sociopolítica. “Son lenguas de pueblos que han sufrido colonización, pero también que no formaron un Estado propio”, explica.

Aguilar, que recientemente fue protagonista de un histórico discurso en mixe en el Congreso mexicano, destaca que en fechas de la independencia, en 1810, alrededor del 65% de la población de México hablaba una lengua indígena y actualmente solo el 6,5% lo hace. Todo un proceso de homogeneización cultural que se apoyó en el sistema educativo desde los tiempos de la Revolución (1910-1921) y que continúa hoy en el trato con las instituciones públicas, que funcionan casi exclusivamente en español.

En su opinión, los casos más graves son la sanidad y el sistema de justicia, que casi nunca cuentan con intérpretes, algo que pone en riesgo la libertad y la vida de las personas. No siempre fue así. Frente a un Estado “que se comporta monolingüe”, Aguilar reivindica la experiencia histórica de Oaxaca —el estado del suroeste mexicano donde se asienta el pueblo mixe—, donde en el siglo XIX los profesores de las escuelas municipales eran empleados de las comunidades y enseñaban en las lenguas propias.

Cuando la cultura oficial solo se redacta en español y apenas existe educación formal fuera de eso, escribir literatura contemporánea en una lengua originaria es casi un acto de heroísmo. Eso hace la poeta maya Briceida Cuevas Cob desde inicios de los años noventa. Su poesía se fija en “las cosas sencillas que nos van deslumbrando”, como “un amanecer, que es un proceso” o “el comportamiento de un árbol”, explica en una entrevista. Su método de creación es bilingüe: primero escribe en maya y luego en español, dando vida a un segundo proceso creativo que es también “un puente” para llegar a quienes no pueden leer los originales.

Cuevas Cob es originaria de la comunidad de Tepakán en Campeche, México. En esa zona, participando en talleres de escritura y creando una suerte de movimiento cultural, se formó un grupo de autores mayas a finales del siglo XX. “Hablar de la importancia de la escritura en lengua originaria es hablar de este proceso y palpar un resultado que se mira a través del gran número de escritores que escriben actualmente”, explica.

El bastión de las formas de vida indígenas ha sido tradicionalmente el medio rural, con poblaciones culturalmente más homogéneas. Hoy, la pervivencia de estas culturas y sus medios de expresión están amenazadas por las presiones económicas sobre los territorios y la migración hacia las ciudades.

Según Aguilar, “el reto más fuerte para los pueblos indígenas es el neoextractivismo”, ya que la lucha por los recursos produce ataques sobre sus territorios y bienes comunes. La activista lamenta que, mientras que las instituciones y la sociedad mexicana aplauden las expresiones culturales de los indígenas, quienes se involucran en las luchas en defensa del territorio se enfrentan a la represión e incluso al asesinato.

“La mayoría de los activistas que han sido asesinados en México en defensa del territorio y los recursos han sido activistas de pueblos indígenas”, señala. Según la ONG Global Witness, la agroindustria y la minería son los principales negocios vinculados al asesinato de líderes ecologistas en el mundo y América Latina es la región que más sufre este tipo de ataques.

Otra amenaza para la diversidad lingüística es el éxodo rural, algo que hace que incluso algunos idiomas tan hablados como el quechua o el aymara estén en peligro. Sin las políticas adecuadas de refuerzo del bilingüismo, la vida en la ciudad interrumpe en muchos casos la transmisión de la lengua de madres a hijos.

Para Sichra, se deben oficializar los idiomas originarios más hablados y hacerlos equiparables al castellano, pero eso debe implicar políticas efectivas: que en las instituciones públicas funcione el bilingüismo, que los funcionarios tengan las competencias necesarias y que se utilicen en la educación de manera integral.

Cuevas Cob también reclama que en las comunidades indígenas el idioma propio sea la lengua vehicular de la educación, pero reconoce que estudiar en maya no ofrece automáticamente mejores condiciones de vida y opina que la promoción del lenguaje originario y las oportunidades de desarrollo para su pueblo tienen que ir a la par.

En tiempos de globalización e Internet, el español se vuelve más atractivo. “Es complicado porque un niño crece, está en el Face, en las redes sociales, y pocas veces se interesa en un texto en lengua indígena”, dice la escritora. “Cuando estudié la primaria en los setenta todos los niños hablábamos en maya, no podíamos hablar en español porque nos daba risa y no sabíamos”, recuerda.

Quizás una forma de revitalizar los idiomas originarios es llevarlos al ámbito digital, coinciden algunos expertos, y son numerosas las iniciativas para ello. En El Alto (Bolivia), los jóvenes bilingües del colectivo Jaqi Aru han traducido Facebook, están desarrollando un curso de aymara para Duolinguo y crean artículos para la versión de Wikipedia en su lengua, que ya tiene 4.410 entradas.

Además, existen versiones de la enciclopedia digital en quechua (con más de 21.000 artículos), náhuatl y guaraní, así como proyectos para desarrollar versiones en maya o wayuunaiki. Otro tanto puede decirse de Firefox, el navegador de Internet de código libre: bajo el proyecto Mozilla nativo, distintos grupos trabajan en la traducción de sus aplicaciones para Android y escritorio a CH’ol (México), mixteco, paipai purépecha, tének, triqui, tojolobal, tostil, zapoteco y dos variedades de náuhatl en México, al guaraní en Paraguay, al ixil y kaqchikel en Guatemala o al náuhuat pipil en El Salvador.

También hay experiencias positivas desde el Estado. Paraguay se acerca a una situación de bilingüismo total con enseñanza de guaraní en las escuelas y uso habitual en las instituciones públicas, los negocios y la vida cotidiana. El 77% de sus habitantes habla guaraní paraguayo, según su censo de 2012, una variedad que utiliza la mayoría criolla y mestiza del país, de modo que algunas clasificaciones no lo consideran una lengua originaria.

Sichra destaca el buen ejemplo de Perú, donde el Ministerio de Cultura está encauzando acciones “desde la comunidad”, haciendo participar a los hablantes y generando políticas de estímulo entre los funcionarios para aprender y usar el quechua. En Perú también se estrenó en 2017 la película Wiñaypacha, la primera del país rodada íntegramente en aymara.

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