Salud

Qué riesgo conlleva el encierro para los niños con pérdida auditiva

Los más de ochenta días de aislamiento obligatorio, sin asistir a la escuela ni a sus sesiones de rehabilitación, afectan de manera especial a los niños y adolescentes hipoacúsicos.

Crédito: Shutterstock

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La situación sanitaria nos obligó a respetar el aislamiento social y entrar en período de cuarentena, que puede tener efectos negativos desde el punto de vista emocional, en especial para los niños y adolescentes con pérdida auditiva.

“La demanda de consultas online es cada vez mayor. Los pacientes tenían sus rutinas y sus terapias desde muy chiquitos, están acostumbrados y sienten esa falta. Son chicos bastante estructurados y necesitan ese espacio”, explica el psicólogo Cristian Quesada Schron, especialista en discapacidad y sordera. En especial si son usuarios de implante coclear, las terapias y la rehabilitación son parte central del proceso por recuperar la audición.

Sin diferenciar si tienen más o menos resto auditivo y aunque al principio les resulta “divertido” no cumplir con las obligaciones, estos pacientes de un día para el otro quedan aislados, y las consecuencias no se hacen esperar. “Empiezan a manifestar síntomas variados. Los adolescentes, por ejemplo, presentan conductas irritables, abulia y hasta llegan a lastimarse”, agrega el profesional.

Sobre este punto, la fonoaudióloga Marcela Garrido sostiene que es fundamental no perder contacto con sus terapias. “Sobre todo los niños pequeños, que están en plena rehabilitación, no deben suspender sus sesiones, porque pierden la estimulación, algo fundamental en la etapa de plasticidad neuronal en la que están”, explica.

En tiempos de aislamiento social, el contenido de la información cambia para un niño oyente y un niño sordo o hipoacúsico. Así, el oyente está inmerso en la lengua. La comunicación entre los padres, la televisión, las charlas a la hora del almuerzo o la cena, son momentos en los que la información está presente.

Por el contrario, para un niño hipoacúsico “muchas veces esa información falta y es generadora de angustias y dudas. Y se pueden manifestar en diferentes conductas como impulsividad o desdén”, subraya Quesada Schorn.

Para tratar de contrarrestar esos momentos de ansiedad, el especialista recomienda anticiparles, explicarles y darles herramientas para entender de qué se trata algo tan abstracto como un virus. "Fomentar ese encuentro familiar, dar lugar al diálogo, a toda la información que requieran para su verdadera comprensión, es decir no dar nada por sentado es clave”, dice.

Este punto también abarca el ámbito escolar. El manejo de las plataformas virtuales para el dictado de las clases es muy positiva en tiempos de coronavirus. Sin embargo, los docentes que tienen en su clase a un niño o adolescente integrado -como es el caso de los que tienen pérdida auditiva-, “no deben olvidar que la atención de estos chicos es mucho más focal, hay que hablarles de a uno y no de manera simultánea, y entender el cansancio atencional que esta situación les genera”, dice el psicólogo.

Como conclusión, los días de encierro podrían convertirse en una oportunidad para que las familias fomenten los momentos de comunicación. “Muchos padres que por sus ocupaciones laborales no podían acompañar a sus hijos a las sesiones de rehabilitación, ahora participan online, y es emocionante para ellos”, añade Marcela Garrido.

Acostumbrados a correr de la escuela a las diferentes terapias que los chicos con pérdida auditiva requieren, ahora los padres “pueden aprovechar la cuarentena para vincularse de otras formas, no por lo audible. No pretender que ese niño o adolescente hipoacúsico tenga que llegar permanentemente al oyente, sino que ese oyente haga el esfuerzo por llegar a él”.

Según datos oficiales suministrados por el Ministerio de Salud de la Nación, la prevalencia de hipoacusia al nacer es de 1 a 5 / 1000. Es decir, cada año en Argentina esperamos que nazcan entre 700 y 3.500 bebés con hipoacusias de diverso grado y diferentes causas, la gran mayoría son bilaterales, y afectan a las cócleas u oídos internos, sitio donde nace el nervio auditivo.

En nuestro país contamos con la Ley 25.415 para la detección temprana de la sordera, sancionada en 2001, pero que recién fue reglamentada en 2011, cuando también se creó el Programa Nacional de Detección Temprana y Atención de la Hipoacusia que depende del Ministerio de Salud de la Nación. Según esta norma, “todo recién nacido antes de los tres meses de vida tiene derecho a ser evaluado auditivamente y tratado luego de los seis meses en forma adecuada”. De este modo y según la reglamentación, si en la maternidad donde nació el pequeño no le realizaron las otoemisiones acústicas, el pediatra debe solicitárselas durante el primer mes de vida. Es un estudio que se puede hacer, también, en los hospitales públicos.

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