Salud

La guerra del Congo impide contener el ébola

El brote deja ya 354 muertos en zonas rojas a las que los sanitarios no pueden acceder por culpa del conflicto entre facciones rebeldes.

Crédito: GORAN TOMASEVIC / REUTERS

Crédito: GORAN TOMASEVIC / REUTERS

El virus (de la cepa Zaire, la más letal) ha dejado desde el mes de agosto hasta ahora 354 muertos en la región de Beni, en Kivu Norte e Ituri, zonas que están a 1.500 kilómetros de la capital, la mega urbe Kinshasa, y que no cuentan con carreteras asfaltadas para comunicar ambas latitudes.

Según explicó la OMS, el brote comenzó de la forma habitual, con la manipulación de carne de animales silvestres infectada (los más comunes son monos o murciélagos). Al principio era pequeño: 24 casos presuntos, con 13 muertes, mayormente entre profesionales sanitarios que atendieron el caso inicial: una joven embarazada, esposa de un cazador, que cayó enferma el 26 de julio con síntomas de fiebre, diarrea y hemorragia. Murió de la enfermedad por el virus del ébola el 11 de agosto.

Varias organizaciones se movieron rápido: se vacunó en tiempo récord a 32.000 personas. Médicos Sin Fronteras llevó a equipos muy experimentados para frenar la enfermedad y Unicef puso en marcha medidas de información y prevención en la comunidad. Del sistema sanitario del estado congoleño poco o nada puede esperarse, porque se trata de un estado fallido cuya presencia en estas áreas provoca grandes recelos entre la población local. "Es importante llegar a la comunidad para convencerles de extremar las medidas higiénicas, pero es que aquí no llegamos porque la seguridad, en muchos casos, está comprometida", cuenta Luis Encinas, especialista en ébola de Médicos Sin Fronteras que acaba de llegar de la zona afectada. "No es un brote típico. Resulta muy inquietante su manera de avanzar y llevará meses combatirlo. Lo más importante, en este caso, no es la cifra de muertos sino la falta de control sobre las vías de contagio, la falta de acceso y la inseguridad de los equipos", cuenta.

Varios trabajadores humanitarios han recibido ataques por parte de las milicias ADF, otros han sido secuestrados y las matanzas de civiles son habituales, así como las fosas comunes, perfectamente documentadas dentro de un conflicto atroz. "Por desgracia, hasta que no se contagie un blanco o el virus no salte a Uganda o Ruanda, fronterizas con la zona afectada, no se le dará a este brote la importancia inquietante que tiene", asegura Luis Encinas rememorando lo ocurrido en el brote de África Occidental en 2015, cuando varios misioneros blancos se infectaron y la atención mediática se multiplicó.

La región está rodeada de selva muy tupida y sufre el látigo endémico de la malaria o el cólera. Tuvieron que talar un claro en medio del bosque para que pudieran aterrizar los helicópteros. El clima es extremadamente caluroso y húmedo e incluye frecuentes lluvias que enfangan los caminos. Para tener acceso a fuentes de agua potable a veces es necesario recorrer 12 kilómetros a través de bosques. Muchos equipos sanitarios tienen que conformarse con tiendas en el suelo para dormir ante la ausencia de estructuras hoteleras.

La tensión es tal que la Comisión Electoral informó ayer de que pospondrá las elecciones presidenciales en la zona hasta marzo de 2019. Es decir, el 30 de diciembre se votará en todo el país menos en Yumbi, Beni y Butenbo y habrá presidente voten lo que voten estos 1,2 millones de personas en primavera, cuyos sufragios no se tendrán en cuenta. "No me permito ser optimista", dice Encinas. "Es la zona más subdesarrollada que he visto nunca y eso condiciona la lucha contra el brote.

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