Política

EE. UU. e Irán retoman el diálogo indirecto para revivir el acuerdo nuclear

Los esfuerzos por salvar el acuerdo internacional sobre la actividad nuclear iraní, abandonado por Donald Trump en 2018, se retomaron este martes en Viena bajo buenos augurios, en una reunión donde Estados Unidos e Irán pudieron negociar indirectamente por primera vez desde la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca.

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“La reunión de la comisión mixta fue fructífera”, se congratuló el embajador ruso ante las organizaciones internacionales, Mikhail Ulianov, al término de un encuentro de casi dos horas entre los signatarios del acuerdo, llamado Plan de Acción Global Común (Jcpoa, por sus siglas en inglés): Irán, Alemania, Francia, Gran Bretaña, China, Rusia, y bajo la égida de la Unión Europea.

Ulianov advirtió, sin embargo, que “el restablecimiento” del pacto, concluido en 2015 en Viena y abandonado por Estados Unidos tres años después no se producirá en forma inmediata. “Tomará tiempo. Pero lo más importante es que el trabajo práctico para alcanzar ese objetivo ya comenzó”, concluyó.

“Resumiendo, puedo decir que la reunión fue constructiva”, declaró por su parte Abbas Araghchi, jefe de la delegación iraní en un video difundido por Irinn, la cadena de información pública de Irán.

A partir de ahora y durante 15 días o un mes, dos grupos de expertos se dedicarán a trabajar para superar la actual situación: uno se ocupará de las sanciones que pesan sobre Irán y el otro, sobre su programa nuclear. Según fuentes diplomáticas europeas, una nueva reunión de la comisión mixta debería realizarse este miércoles.

Durante el encuentro, que se llevó a cabo en un hotel de lujo de la capital austríaca, Estados Unidos e Irán no estuvieron sentados a la misma mesa. Fueron los europeos, patrocinadores de las negociaciones, que sirvieron de intermediarios entre ambos, con la esperanza de llegar a un resultado concreto después de meses de bloqueo.

Washington había enviado una primera señal positiva afirmándose “dispuesto a levantar las sanciones que están en contradicción con el acuerdo”, según las declaraciones del emisario estadounidense Rob Malley a la televisión.

Una actitud saludada por Teherán, que la había calificado de “posición realista y prometedora”, que “podría constituir el comienzo de la corrección de un proceso equivocado que paralizó la diplomacia”.

El régimen iraní asegura que, en cuanto Estados Unidos levante esas medidas, volverá a respetar sus compromisos nucleares.

“La república islámica está dispuesta a suspender sus medidas correctivas”, reafirmó Araghchi ayer, que reclamó “el levantamiento de sanciones en una sola etapa”.

En 2018, Trump decidió retirar a su país del acuerdo, cuyo objetivo es evitar que Irán se dote de la bomba atómica, y volver a aplicar drásticas sanciones llevando a Teherán al borde de la asfixia económica. En respuesta, Irán comenzó a violar paulatinamente los términos exigidos por el plan, relanzando su actividad nuclear.

Desde que Biden llegó a la Casa Blanca en enero y afirmó su intención de regresar al acuerdo, se multiplicaron los contactos diplomáticos extraoficiales. Es verdad, la administración norteamericana sigue señalando su inquietud en cuanto al programa de misiles balísticos iraní –que no está incluido en el Jcpoa–, pero el equipo demócrata considera preferible resolver primero la cuestión nuclear y después “hablar de todo eso”, según declaró Rob Malley a la National Public Radio (NPR).

La ausencia de acuerdo sobre el programa iraní de misiles balísticos fue justamente la excusa que invocó Trump para retirar a su país del pacto, al cual calificó del “peor acuerdo jamás negociado”, que había sido firmado por su predecesor, Barack Obama. En línea con sus principales aliados en la región, Israel y Arabia Saudita, Trump afirmaba que confiar en Teherán era estar seguro de que, a término, se produciría “un holocausto nuclear”.

La Casa Blanca afirma estar preparada para un “largo y difícil proceso”.

“Pero es imprescindible que los negociadores se apresuren”, afirma Kelsey Davenport, directora de la política de no proliferación en la Asociación de Control de Armamentos, aludiendo a los peligros que acechan al proceso.

Davenport, como todos los signatarios del pacto, son conscientes de que, aun sin Trump, hay un sinnúmero de actores regionales y nacionales que, por distintas razones, harán todo lo posible por torpedear el acuerdo.

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