Política

De cara a la nueva Comisión Europea, Socialistas y Verdes piden un giro social y medioambiental

Socialistas y verdes intentarán arrancar a la todavía ministra alemana de Defensa una ambiciosa agenda medioambiental y social, que incluya un endurecimiento de los objetivos de reducción de las emisiones de CO2 y medidas por la igualdad laboral y para atajar la brecha salarial entre varones y mujeres.

Crédito: FRANCOIS WALSCHAERTS / AFP

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La investidura de Ursula von der Leyen como presidente de la Comisión Europea sigue en el aire a solo una semana de la votación en el Parlamento. La candidata designada por los Gobiernos de la Unión Europea se reúne este miércoles con los grupos Socialista (S&D) y Verde para intentar sumar apoyos en una votación en la que, de momento, solo contaría con el respaldo claro de su propia familia política (el Partido Popular Europeo) y el muy probable de los Liberales (Renovar Europa).

Socialistas y verdes intentarán arrancar a la todavía ministra alemana de Defensa una ambiciosa agenda medioambiental y social, que incluya, entre otras cosas, un endurecimiento de los objetivos de reducción de las emisiones de CO2 y medidas tajantes por la igualdad laboral y para atajar la brecha salarial entre varones y mujeres.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, sugirió la semana pasada la posibilidad de atraer el voto ecologista hacia la candidata del PPE, hasta el punto de hacer que algún país designase a un miembro de los Verdes como candidato a comisario europeo.

Pero Von der Leyen, según las fuentes consultadas, no está siguiendo, al menos de momento, el guion marcado por Tusk. Y todavía no ha mostrado ni un atisbo de concesión en los encuentros informales que ya ha mantenido en el Parlamento desde su llegada a la capital comunitaria este domingo.

La candidata ha evitado, por ahora, dar un giro progresista y medioambiental que ganaría votos por la izquierda del arco parlamentario pero podría poner en peligro los apoyos dentro de sus propias filas, donde la incorporación de los Verdes a una gran alianza no se considera del todo imprescindible.

El voto de los socialistas sí que resulta imprescindible y en ese terreno Von der Leyen deberá fajarse contra las filas de la delegación alemana (SPD), una de las más duras con la designación de la ministra, a la que considera uno de los eslabones más débiles del gobierno de coalición de Angela Merkel.

La revuelta del SPD contra Von der Leyen, sin embargo, parece haber perdido fuerza en las últimas horas tras comprobar que su efecto arrastre dentro del grupo socialista ha sido limitado. Buena parte de las delegaciones es partidaria de dar una oportunidad a la candidata siempre y cuando se le puedan arrancar compromisos en los puntos prioritarios para el grupo, como la lucha contra la crisis climática, el crecimiento inclusivo o la igualdad de género.

"Seremos muy exigentes con la agenda de la próxima Comisión", advirtió la semana pasada la líder del grupo Socialista, la eurodiputada Iratxe García. El grupo reaccionó con virulencia contra el paquete de nombramientos del Consejo Europeo (además de Von der Leyen, el liberal Charles Michel para la presidencia del Consejo, la conservadora Christine Lagarde para la presidencia del BCE y Josep Borrell para la jefatura de la diplomacia comunitaria). Pero a pesar de la frustración por haber perdido la presidencia de la Comisión, en la que esperaban colocar al holandés Frans Timmermans, los socialistas parecen dipuestos a evitar el rechazo de Von der Leyen.

Los ánimos en la izquierda, sin embargo, podrían encresparse si Von der Leyen busca apoyos a la derecha del PPE. Este martes, la candidata se reunió con el grupo ECR (Conservadores europeos reformistas), liderado por los polacos de Jaroslaw Kaczynski y el que figuran desde los tories británicos hasta los tres eurodiputados de Vox. "Con ECR [62 escaños], los números le salen", apunta una fuente parlamentaria tras esa reunión.

La jugada, sin embargo, sería arriesgada y expondría a Von der Leyen al riesgo de una hemorragia de votos en otros grupos. La candidata, además, dispone de una sola oportunidad para lograr la mayoría absoluta (376 escaños) por lo que debe acudir al Parlamento con una mayoría holgada que resista cualquier posible deserción dentro de su grupo (el Partido Popular Europeo) o cualquier fisura entre los grupos que se comprometan a apoyarla.

Si Von der Leyen fracasara, el Consejo Europeo dispondrá de un mes para presentar otro candidato, lo que abriría una grave crisis institucional y pondría en peligro el resto de nombramientos, como el de Alto Representante de Política Exterior para Josep Borrell o la presidencia del Banco Central Europeo para Christine Lagarde.

Borrell también se ha sumado a la ronda de contactos para impulsar las candidaturas de iniciar el diseño de su futura agenda europea. Von der Leyen y el ministro español de Exteriores en funciones se han dado cita este martes en Bruselas, un primer encuentro entre las dos personas llamadas a encabezar la futura Comisión. A la espera de la designación de los futuros comisarios del reparto de carteras, Von der Leyen y Borrell son los únicos que pueden, por ahora, iniciar el diseño de la futura estructura del organismo

Un informe publicado este martes por el instituto de estudios Elcano propone "aprovechar el alto perfil político" de Borrell "para avanzar en una acción exterior europea de mayor coherencia, visibilidad de influencia".

Y el socialista español no oculta su deseo de transformar el puesto ocupado hasta ahora por Federica Mogherini. "La Alta Representante ha hecho un esfuerzo denodado para sacarle el mejor fruto", señaló Borrell el mes pasado tras una reunión de los ministros europeos de Exteriores. Pero añadió que la política exterior europea tiene un problema estructural "porque los aspectos económicos de las relaciones internacionales, como el comercio, el desarrollo o el establecimiento de tarifas están en el ámbito de la Comisión mientras que los aspectos más geopolíticos están en el ámbito del Consejo". La posible fusión de política comercial y exterior, siempre evitada por las instituciones, podría volver a estar sobre la mesa.

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