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Nigeria: La escuela derrumbada era ilegal y esperaba su demolición

Ya son 12 los niños fallecidos, decenas de supervivientes liberados de las ruinas y aproximadamente 100 los atrapados entre los restos del edificio de cuatro pisos que se ha venido abajo

Crédito: AFOLABI SOTUNDE /  REUTERS

Crédito: AFOLABI SOTUNDE / REUTERS

Muchas horas después nadie sabe cuántos son los escolares atrapados por el derrumbe de una escuela en la megaurbe de Lagos, la capital económica y hogar de, al menos, 23 millones de personas, la más poblada del continente aunque sin un censo al que poder recurrir para comprobarlo. De momento, las autoridades han encontrado a 12 niños fallecidos, pero presumiblemente la cifra aumentará. Cuatro plantas de edificio en el que estaba este centro escolar se vinieron abajo atrapando al menos a 100 menores en su interior.

Hasta el momento han sacado hasta 50 menores con vida de entre las ruinas, ocho de ellos heridos, según declaró a Efe el portavoz de la Policía, Baba Elkana.

Cada niño que era evacuado por los servicios de rescate iba precedido de una explosión de gritos y desesperación por parte de las personas que se congregaron alrededor. El gobernador de Lagos, Akinwuni Ambode, visitó el lugar del siniestro y, ante el abucheo general, se negó a dar una cifra de muertos.

La escuela de primaria y la guardería, que no contaban con ningún permiso y que se encontraban en el último piso de la construcción, se vinieron abajo a las 10 de la mañana según testigos del barrio de Lagiaji, un núcleo de la ciudad conectado por carretera con el resto de la urbe y que hace de dique de la albufera del mismo nombre. Se trata de un área pantanosa llena de edificios improvisados que albergan infraviviendas para decenas de miles de personas.

Hasta cuatro grandes construcciones se han hundido en sus calles en los últimos años, con decenas de muertos. Los niños rescatados con vida fueron evacuados en camillas por la Cruz Roja y trasladados a hospitales cercanos. Mientras, cientos de familiares rodearon el edificio y, subidos a los cascotes, siguieron las tareas de desescombro a la espera de tener alguna noticia de sus pequeños, con escenas de histeria y enfado con la policía y las autoridades, algo habitual en un país carcomido por una enorme corrupción política a todos los niveles. Algunos niños rescatados necesitaron máscaras de oxígeno para respirar ante el polvo acumulado por el derrumbe. "Por favor, salve a mi hijo, salve a mi hijo", gritaba una mujer sollozando cuya hija de siete años estaba atrapada en los escombros mientras los espectadores trataban de consolarla, según recoge la agencia AFP. Su reportero local vio varios rescates de niños. Uno de ellos estaba muerto, mientras que otro, más pequeño que el anterior, inconsciente, estaba sangrando y gravemente herido en la cabeza.

La precariedad es la tónica habitual de la mayoría de los barrios nigerianos, levantados con cimientos pobres, materiales inadecuados y madera en vez de metal en sus armazones. Tanto el Gobierno federal como los Ejecutivos estatales y locales hacen la vista gorda mientras los funcionarios cobran mordidas para permitir ese tipo de construcciones, pero sin hacer ningún tipo de revisión ni aplicar ley alguna. Tal es la masificación reinante que se han ido levantado barrios enteros flotantes en las zonas inundadas de Lagos, como si fueran venecias del tercer mundo. En este caso, el edificio ya estaba señalado por las autoridades como "peligroso" y ordenada su demolición, pero como tantos otros, seguía en uso. El gobernador aseguró que "una investigación" determinaría "la identidad de los culpables".

Nigeria, la economía petrolera más poderosa de África, es ya el país con mayor número de personas viviendo en situación de pobreza extrema en el mundo, es decir, los que subsisten con menos de 1,9 dólares al día, superando a La India. El país africano cuenta con 99,2 millones de pobres en 2018, y muchos de ellos viven en barrios como ese.

En el año 2014, un edificio de seis plantas se hundió mientras que predicaba a cientos de personas en su interior el teleevangelista Josha TB, lo que provocó que la estructura cediera por el sobrepeso. Sólo en el año 2016, más de 100 personas murieron en un siniestro similar en una iglesia que se hundió en la zona sudeste de Lagos. Meses después, otro edificio de cinco plantas se vino abajo como un acordeón y mató a otras 30 personas. En la zona pantanosa, una escuela flotante se sumergió entera en las aguas. La suerte, en ese caso, es que sucedió de noche, sin niños en sus aulas.

En Nigeria sorprende la calidad de construcción de autopistas, puentes y otras grandes obras públicas, en contraste con los edificios destinados a escuelas u hospitales, la mayoría de construcción muy deficiente: "La explicación es la corrupción", aseguraba a este periodista un reportero local hace dos meses. "Los políticos no invierten dinero en una escuela porque la comisión que pueden llevarse es escasa. Sin embargo, van a poner todos sus esfuerzos en carreteras, rotondas o terminales de aeropuertos. Es ahí donde pueden sacar tajada".

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