Medio Ambiente

Mujeres más pobres y vulnerables frente a los desastres ambientales

De acuerdo con un estudio, los huracanes, las inundaciones, las sequías o los terremotos aumentan la brecha de género en América Latina y el Caribe.

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En América Latina y el Caribe las catástrofes climáticas aumentan la brecha de género, volviendo más pobres y vulnerables a las mujeres. Así como los huracanes, las inundaciones, las sequías o los terremotos no impactan de igual manera en la población sino que su incidencia varía en función de la situación socioeconómica de las personas afectadas, la vulnerabilidad de las mujeres suele aumentar frente a estos eventos debido a la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Así lo evidencia un trabajo publicado en Íconos, Revista de Ciencias Sociales (edición enero-abril de 2020) que señala que esas desigualdades, por ejemplo en cuanto al acceso a la titularidad en la propiedad de la tierra ─elemento clave para recibir ayudas durante el período de reconstrucción─ vuelven a reproducirse ante los desastres, muchas veces agudizando la situación de vulnerabilidad, y volviendo a excluir a las mujeres y otros colectivos marginados, como los indígenas

“Tradicionalmente las mujeres han recibido el tratamiento de ‘víctimas’ pasivas en los desastres (…) Esta concepción de ‘las mujeres y los niños primero’ refuerza el estereotipo de género de debilidad femenina y fortaleza masculina”, dice la investigación.

A ello se agrega que “el terreno de los desastres ha estado cooptado por áreas altamente masculinizadas como las ingenierías técnicas y militares, dando por resultado la invisibilidad de las mujeres en tanto sujetas activas en sus familias y comunidades, con necesidades específicas y portadoras de saberes y habilidades concretas”.

“Resulta de especial relevancia que se tenga en cuenta cómo los desastres y riesgos aceleran la desigualdad de género en nuestra región, ya que es un ámbito de actuación en el que especialmente ha costado visualizar el impacto diferenciado”, dijeron por escrito los autores del trabajo Cristina Vega de FLACSO Ecuador, Johannes Waldmüller, de la Universidad de las Américas en Ecuador, y Ana Gabriela Fernández, de FLACSO Uruguay, quienes respondieron mediante un mensaje conjunto a la consulta realizada por SciDev.Net.

“El terreno de los desastres ha estado cooptado por áreas altamente masculinizadas como las ingenierías técnicas y militares, dando por resultado la invisibilidad de las mujeres en tanto sujetas activas en sus familias y comunidades, con necesidades específicas y portadoras de saberes y habilidades concretas”.

Comunidad, vulnerabilidad y reproducción en condiciones de desastre. Abordajes desde América Latina y el Caribe – Íconos, Revista de Ciencia Sociales

Como ejemplos mencionaron que, de acuerdo con un estudio de Oxfam Internacional, en el tsunami de Asia, en 2004, murieron un 70 por ciento más de mujeres que de hombres, porque no sabían nadar o no sabían trepar a los árboles. Y que en materia de autonomía económica, las mujeres demoran más en reincorporarse al mercado de trabajo luego de un desastre ya que afrontan un aumento de la carga de trabajo no remunerado.

Al mismo tiempo, la pérdida del hogar a menudo implica también la pérdida de las herramientas para sus actividades productivas: artesanías, elaboración de comida, tejido.

Por otra parte, “el aumento de la violencia hacia las mujeres luego de un desastre es un tema largamente documentado, por las condiciones de precariedad en las que viven, la búsqueda de seguridad en figuras masculinas, los ataques sexuales en los campamentos transitorios, así como el aumento de la explotación sexual y la trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes”, indicaron a SciDev.Net.

“Las mujeres y niñas tiene 14 veces más probabilidades de morir que los varones en los contextos de catástrofes climáticas, según ONU Habitat. Y de sobrevivir deben enfrentar un sin número de desigualdades sociales, económicas y hasta de atención de salud”, corrobora Adriana Noacco, directora del Centro de Educación y Gestión Ambiental (CEGA) de la Universidad de Buenos Aires.

Noacco dice a SciDev.Net que las políticas públicas deberían incluir y garantizar que las mujeres tengan igual posibilidad que los hombres de participar en capacitaciones para adaptarse a los diferentes impactos del cambio climático, y que puedan acceder a créditos para poder continuar sus negocios luego del desastre, en lugar de quedar relegadas a roles sociales preimpuestos como cocinar o limpiar.

Al respecto, los investigadores sostienen que a nivel local e internacional debería generase un diálogo más profundo entre la agenda de la gestión del riesgo, y la de las mujeres, incluyendo a la sociedad civil ─especialmente a las organizaciones feministas─ y a la academia.

A pesar de haberse realizado numerosas conferencias regionales desde los años 70, “el ámbito de los desastres y los riesgos continúa copado por enfoques técnicos que necesitan aún repensar los modelos de intervención con el foco en las personas y en las desigualdades dentro de las diferentes comunidades”, opinan.

El trabajo resalta la importancia de incorporar mujeres en los equipos de trabajo posteriores a un desastre, pues en la mayoría de los casos suelen quedar afuera de los espacios de decisión. Menciona experiencias como las del terremoto de Haití, el huracán Katrina en Estados Unidos, el Mitch en Honduras y el tsunami de 2010 en Dichato, Chile, donde se dio el protagonismo femenino al frente de redes comunitarias de cuidado y alimentación, evidenciándose su capacidad organizativa y de hacer frente a situaciones relacionadas con derechos sobre la tierra, la salud, el duelo y el afrontamiento del trauma, y la participación en la reconstrucción.

Fernández, Vega y Waldmüller afirman en su respuesta a SciDev.Net que los avances en materia de igualdad de género que logre un territorio mejorarán su capacidad de afrontar un evento de naturaleza ambiental; el evento en sí debe convertirse en un punto de inflexión para reconstruir en condiciones de mayor igualdad.

“Para ello es necesario revisar las prácticas institucionales, el valor social de las actividades reproductivas y comunitarias, así como las condiciones que se crean para promover el ejercicio de las capacidades de mujeres y hombres en toda su diversidad”, sostienen.

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