Medio Ambiente

18 toneladas de CO2 son las que emite cada astronómo en sus investigaciones

El cambio climático no solo tiene efectos sobre el medio ambiente también afecta a los instrumentos de vanguardia instalados en los telescopios observación y, por tanto, a las observaciones astronómicas.

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Pero los astrónomos, a su vez, son responsables de emisiones específicas de dióxido de carbono: 18 toneladas por científico al año solo por sus actividades de investigación, el doble de lo que emite una persona en Alemania.

Estas y otras estimaciones se incluyen hoy en seis estudios publicados en la revista Nature Astronomy y en los que varios institutos de astronomía del mundo han analizado las consecuencias del cambio climático sobre su trabajo y en qué medida contribuyen a ello.

En uno de los artículos, un equipo de astrónomos del Instituto Max Planck de Astronomía (MPIA) en Heidelberg calcula que en 2018 cada científico emitió -solo con su trabajo- 18 toneladas de CO2 a la atmósfera.

Principalmente, estas emisiones eran resultado de los vuelos intercontinentales cogidos para asistir a conferencias o para hacer observaciones en persona en observatorios en América del Norte y del Sur, y del consumo eléctrico de las instalaciones de supercomputación que los científicos requieren para sus simulaciones y el análisis de datos.

“Los astrónomos somos responsables de nuestras emisiones de combustibles fósiles. Pero la reducción es raramente una cuestión de elección personal. Hay que analizar de dónde provienen esas emisiones, y decidir si hay que tomar medidas en cada instituto, en la comunidad astronómica, o a nivel de toda la sociedad para lograr una reducción importante”, razona Knud Jahnke, investigador del MPIA y autor principal del artículo.

El estudio hace algunas recomendaciones para reducir las emisiones, desde trasladar los superordenadores a lugares donde la electricidad sea de origen renovable y donde la refrigeración sea más fácil (como Islandia), o apostar por una drástica reducción de los vuelos relacionados con la investigación en favor de las reuniones virtuales.

Uno de los estudios, de hecho, analiza las reuniones presenciales y compara los dos últimos congresos anuales de la Sociedad Astronómica Europea: el de 2019, celebrado en Lyon (Francia) de manera presencial con más de 1.200 asistentes, y el de 2020, celebrado en plena pandemia como un evento “online”, con casi 1.800 participantes.

Resultado: la reunión de 2020 fue responsable de menos de una milésima parte de las emisiones de dióxido de carbono de la reunión presencial celebrada un año antes.

“Desde una perspectiva climática, la solución podría ser la celebración de conferencias cara a cara en varios lugares a la vez, permitiendo a los participantes viajar en tren. Las charlas plenarias estarían en línea, mientras que la reunión de los científicos en cada “centro de conferencias” permitiría interacciones personales”, sostiene Leonard Burtscher, investigador de la Universidad de Leiden y primer autor del estudio.

Otro artículo evalúa en qué medida el cambio climático está afectando a la astronomía y a la calidad de las observaciones astronómicas.

Para su análisis se centraron en uno de los sitios de observación modernos más destacados, el Observatorio Paranal del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, equipado con modernos sensores ambientales que llevan recogiendo datos ambientales durante las tres últimas décadas.

Según estos registros, Paranal ha experimentado un aumento de la temperatura media de 1,5º C en las últimas cuatro décadas (ligeramente por encima del valor medio mundial de 1º C desde la era preindustrial), un calentamiento que dificulta la refrigeración de los telescopios y hace que las observaciones resulten algo borrosas.

Pero además, los instrumentos de vanguardia instalados en los telescopios del VLT de Paranal son sensibles a propiedades específicas de la atmósfera como la humedad, un aspecto crucial para las observaciones en el infrarrojo y que en el futuro podrían verse alterados por los fenómenos de El Niño que se prevén serán más intensos.

Estos y otros efectos del cambio climático, deberían tenerse en cuenta también para la construcción de futuros telescopios, como el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) que tendrá un espejo de 39 metros.

“Como astrónomos, somos inmensamente afortunados de trabajar en un campo fascinante. Con nuestra perspectiva única del universo, es nuestra responsabilidad comunicar, dentro y fuera de nuestra comunidad, las desastrosas consecuencias del cambio climático antropogénico en nuestro planeta y nuestra sociedad”, explica Faustine Cantalloube, investigdora del MPIA y autora principal del artículo sobre cómo la crisis climática afecta a las observaciones.

Ahora le corresponde a la comunidad científica actuar. Estos artículos muestran el camino a seguir: continuar con la investigación astronómica, para poner al planeta Tierra y su entorno en una perspectiva más amplia, pero reduciendo la huella de carbono de esa investigación, concluyen sus autores.

Fuente: EFEVerde