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Venezuela solidaria

Impulsadas por la emergencia humanitaria que ha dejado en inseguridad alimentaria a 8 de cada 10 familias han surgido iniciativas que intentan aminorar una crisis que el gobierno no reconoce.

Foto: Cortesía Justo al Punto

Foto: Cortesía Justo al Punto

Las iniciativas solidarias en Venezuela se han vuelto un fenómeno dado a la emergencia humanitaria que ha sido reconocida por múltiples organizaciones nacionales e internacionales, aunque no así por el gobierno de Nicolás Maduro.

Las redes sociales son un testimonio de cómo se han multiplicado los esfuerzos de  ciudadanos y de organizaciones para hacer llegar alimentos, medicinas y otros artículos de primera necesidad a quienes los necesitan, en ocasiones desesperadamente.

Algunas iniciativas nacieron luego de que sus impulsores hubieran padecido la crisis en carne propia, como fue el caso de la ONG Donamed. Ana Karina Fuentes, su fundadora, inauguró ese sitio digital que facilita la donación de medicamentos luego de vivir momentos de angustia porque no encontraba los fármacos oncológicos que necesitaba su madre. Otras, como Yolanda Villalobos, el alma detrás de Barriguita Llena, Corazón Contento, se originaron por el deseo de no quedarse de brazos cruzados ante el triste cuadro de niños y adultos que no tienen cómo alimentarse.

Acciones de buena voluntad como esas parecen ser cada vez más necesarias ante carencias que se han incrementado en urgencia, como lo demuestran los números de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana de 2017, según la cual 80% de los hogares venezolanos presenta inseguridad alimentaria, o las cifras del monitoreo de la ONG Convite de marzo, que indican desabastecimiento de entre 80% y 90% de los medicamentos para tratar cuatro de los principales enfermedades que afectan a los venezolanos: diabetes, hipertensión, infecciones respiratorias y diarrea.

Ante una situación que desborda la capacidad de reacción de muchas familias, las organizaciones no gubernamentales de apoyo a la sociedad civil, incluso aquellas cuya vocación no es distribuir insumos, han tenido que volcarse a prestar apoyo, señala Ileana Malito, directora de Cesap. Ellos mismos, sin dejar de lado su trabajo principal, que es guiar la organización de las comunidades, han tenido que dar sostén a las 35 vicarías distribuidas en todo el país para la distribución de alimentos en sectores necesitados.

“A la gente, al ciudadano común, se le ha despertado ese interés por brindar apoyo a la sociedad y eso ha contribuido a que haya surgido un voluntariado alrededor de la crisis, que ha tenido que suplir al Estado en muchos aspectos, porque hay que recordar que no existe un reconocimiento oficial de la emergencia humanitaria, que sería el primer paso que se debería dar para actuar ante ella”, añade Malito.

Aunque abundan las organizaciones que se han creado de manera espontánea, es común que muchas de ellas, al cabo de un tiempo, tomen la decisión de consolidarse desde el punto de vista institucional y asuman una figura jurídica. “Quienes llevan adelante estas iniciativas se dan cuenta de que si no están regularizadas, no tienen manera de crecer. Entonces se ven obligadas a tomar conciencia de que deben contar con una estructura para, por ejemplo, recibir financiamiento. Hay otros aspectos que también hay que tomar en cuenta. Por ejemplo, si vas a distribuir comida, es necesario tomar medidas para la correcta manipulación de alimentos porque de lo contrario puedes causar un problema mayor del que quieres ayudar a aliviar”.

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