Igualdad de genero

África: El futuro es femenino

Los avances en derechos y representación política de las mujeres africanas protagonizan el cambio en la zona.

Crédito: Anadolu Agency / Getty

Crédito: Anadolu Agency / Getty

Días después de nombrar un gobierno con mujeres en la mitad de sus carteras ministeriales –entre ellas Defensa o Servicios Secretos de inteligencia– el país designó a Sahle-Work Zewde como primera presidenta de su historia. Aunque el puesto tiene un carácter representativo —el poder lo ostenta el primer ministro— el gesto fue aplaudido internacionalmente y generó una ola de optimismo en miles de mujeres africanas.

Al aceptar su cargo, la diplomática de 68 años mandó un mensaje a todas ellas: “Si alguien piensa que hablo mucho sobre mujeres que espere a escuchar todo lo que tengo que decir”.

Aunque queda mucho para lograr la igualdad de género en África, donde conviven realidades diferentes, los avances en derechos en decenas de países africanos y el aumento de representación política de las mujeres africanas protagonizan el cambio en el continente.

Para la ugandesa Jessica Horn, directora de programas de la Fundación para el Desarrollo de la Mujer Africana (AWDF), la clave es la mezcla de mentalidad y educación. “Las jóvenes están cada vez más concienciadas e implicadas, y eso es algo vital porque África es un continente muy joven. No es sólo un movimiento feminista sino diverso: defiende los derechos del colectivo LGTB, a las afectadas por la violencia sexual o VIH, exige representación política…Cada vez hay más esfuerzos para proteger los derechos de las mujeres”.

La representación política es la punta de lanza del optimismo. En la última década se ha triplicado el número de mujeres africanas en puestos ministeriales y ya representan el 22,5% de los asientos parlamentarios, un porcentaje similar al de Europa (23,5) % y superior al de EE.UU. (18%).

Para Horn, coordinadora del informe Futuros de África. Evolución de la mujer para 2030, los avances son fruto de la posición activa de la mujer africana durante décadas. “Es el resultado del trabajo incansable de movimientos feministas y mujeres activas en luchas de liberación e implicadas en política. Es el caso de Etiopía, Ruanda o Sudáfrica. Es un fenómeno político. Cada vez más mujeres tienen experiencia en posiciones de liderazgo”.

Desde Gambia, la ciberactivista feminista Aisha Dabo, destaca el papel crucial de las mujeres en el fin de 22 años de dictadura en su país. “El rol de la mujer en la sociedad africana es crucial. No sólo es madre, mantiene a la familia unida o conserva la cultura y tradiciones. Su rol le da una posición de respeto y permite que opine en público desde siempre, delante de quien sea. Por eso, el día que miles de mujeres salieron a la calle para defender la democracia supimos que era el fin de Jammeh”.

Ruanda ilustra la evolución femenina africana. Además de ser el primer país del mundo en representación femenina en el Parlamento —casi un 60% de los asientos— el país africano alcanzó la cuarta posición mundial en el último informe sobre brecha de género del Foro Económico Mundial (FEM). Desde Kigali, capital ruandesa, la economista y analista en desigualdad de género Josephine Nkurunziza sitúa el motor del cambio más allá de los números: en la voluntad después del horror. “Los avances —opina— son herencia del genocidio de 1994. Muchas mujeres quedaron viudas y al frente de sus familias o comunidades. Se cambiaron leyes para permitirles tener propiedad de la tierra o representación pública y ahora las nuevas generaciones han cambiado la mentalidad. Son mujeres que han crecido con oportunidades similares a las de los chicos, con leyes paritarias y pueden alcanzar su potencial”. A pesar de la falta de libertad de expresión y la mentalidad patriarcal que impera en Ruanda, el gobierno aprobó leyes de defensa de los derechos de las mujeres o para facilitar su acceso al trabajo. Dieron resultado: el 93% de las mujeres ruandesas tiene empleo, el porcentaje más alto del mundo.

Aunque el ejemplo ruandés es distinguido, no es único. En el índice del FEM, otros países africanos como Burundi, Namibia, Sudáfrica o Mozambique tienen una puntuación superior o igual a la de España.

Para Graça Machel, activista y primera ministra de educación mozambiqueña —además de viuda de Nelson Mandela—, hay una herramienta clave para que el cambio cristalice: la educación. “Invertir en mujeres es una inversión estratégica porque no sólo mejora su vida, sino la de sus familias y la sociedad. Da igual si es una niña, una adolescente o una adulta, la mujer tiene la capacidad de empoderarse a ella misma y también a sus familias, sus comunidades y sus naciones”. Si la contribución económica familiar de las mujeres africanas salta a la vista –copan los mercados, venden mercancías o trabajan los campos–, al sumarle formación, el panorama se ilumina.

El estudio apunta además cambios en el rol del hombre: en los últimos años el porcentaje de hombres de Ghana o Botswana que no aceptan que las mujeres trabajen fuera de hogar es tan bajo como en los países europeos.

Marta Villa, directora general de Mujeres por África, se muestra optimista ante un “movimiento importante por los derechos de la mujer y un activismo en auge”, pero evita ingenuidades. “Aún hay muchos retos y desafíos como la violencia sexual, los matrimonios infantiles o la mortalidad maternal. El avance es positivo aunque queda mucho”.

Pero incluso en esos campos las cifras invitan a ver la botella medio llena. Si de 1993 al 2013 la mortalidad materna se redujo en África un 43%, otra cuestión sensible por motivos tradicionales y religiosos –campos donde el cuerpo de la mujer históricamente sale perdiendo– como la mutilación genital femenina ha sufrido un fuerte retroceso. Un estudio publicado en el BMJ Global Health indicó que la cifra de niñas que sufrieron ablación en África del este pasó del 71% en 1995 al 8% en el 2016. En África del oeste, el porcentaje se redujo del 75% al 25%. El estudio hablaba de “disminución enorme y significativa de ablaciones”. Todavía demasiadas.

Fuente