De los 58 millones de caballos que viven en el mundo, según la FAO (Organización para la Alimentación de Naciones Unidas), alrededor de 600.000 son ferales, es decir, que vive en estado silvestre sin dependencia del hombre o con un mínimo contacto. Este es el resultado del estudio elaborado por Jesús Gil Morión, miembro de la Sociedad Gaditana de Historia Natural, y Juanjo Negro, investigador de la Estación Biológica de Doñana, presentado en el congreso Conserbio celebrado en Málaga.

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Caballos ferales

“Todos los caballos ferales descienden de animales liberados o escapados” , afirma Gil Morión a Efe; “hace muy poco se pensaba que quedaba una especie de caballo salvaje, el Przewalski, de las estepas mongolas, pero un estudio con marcadores moleculares demostró que desciende de caballos domesticados por una etnia nativa de Rusia y Kazajistan hace más de 5.000 años”.

El caballo se domestica hace unos 6.000 años en Asia central y el ancestro salvaje se extingue en época histórica (siglo XIX).

Gil Morión, que prepara un libro recopilando el trabajo, indica que casi todos los ferales españoles se ubican en el norte.

“Como el poni celta, losino, monchino, asturcón, o también el burgueño, la jaca navarra, y el de monte gallego; todos tienen aprovechamiento, pero su modo de vida es sin intervención del hombre”, todo lo más “son retirados una vez al año para recoger crías, sanear, o aprovechar su carne”.

Caballo de la retuerta

El caballo de la retuerta, que se ha conservado en Doñana, es de los más estudiados. En 2007 un estudio del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Cieníficas) lo catalogó como la raza equina más antigua de Europa.

“El caballo de las retuertas es un animal singular, que no forma grupo con ninguna de las otras razas, de las que está muy alejado genéticamente”, señalaba Ciro Rico, principal autor del estudio. Si lo tuviéramos que mostrar en un gráfico, “el caballo de retuertas aparecería en la base del árbol genealógico”.

El caballo de la retuerta –pues prefiere esa zona del parque nacional, donde se unen dunas y marisma y siempre hay agua dulce- comparte hábitat con el marismeño, también criado en semilibertad y que protagoniza la Saca de las Yeguas en Almonte (Huelva).

Estos caballos están considerados como antecesores de los mustang, también conocidos como cimarrones o mesteños de EEUU, otra raza feral.

La mayoría de los caballos ferales tienen color castaño, pues la capa del tarpán (Equus ferus ferus), la subespecie extinta de caballo de la que proceden los domésticos, “también era castaña y tenía una crin corta y enhiesta como las de las cebras, algo que reflejan las pinturas rupestres del Paleolítico”, señala Jesús Gil Morión.

El objetivo del atlas que preparan los investigadores es dar a conocer la situación en la que se encuentran los caballos ferales actualmente, así como su evolución.

Entre los datos registrados se incluyen, cuando se conoce, el origen y antigüedad de la población feral, la identificación de raza, el tamaño poblacional y su grado de amenaza.

Este trabajo se ha realizado mediante búsqueda bibliográfica y un aparte de trabajo de campo bajo la supervisión de Juan J. Negro, profesor de la EBD-CSIC.

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