Animales

Los perros nos alargan la vida

Entre los supervivientes de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular tener un perro supone un factor importante de supervivencia.

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Un perro hace compañía, vigila la casa cuando no estas, te da amor y momentos de alegría pero, además, te puede alargar la vida. Según un estudio de la Asociación Americana del Corazón, tener perro se asocia con una vida más larga y mejor salud cardiovascular, especialmente para los supervivientes de un ataque cardíaco e ictus que viven solos.

”La propiedad del perro está asociada con reducciones en los factores que contribuyen al riesgo cardíaco y a los eventos cardiovasculares”, explicó Glenn N. Levine, presidente del grupo de redacción de la declaración científica de la AHA sobre la tenencia de mascotas.

Los autores del estudio, aunque aclaran que esta investigación no puede “probar” que adoptar o poseer un perro conduce directamente a una mortalidad reducida, sus “hallazgos sólidos apuntan claramente en esa dirección”.

Analizando datos de investigaciones previa que demuestran cómo el aislamiento social y la falta de actividad física pueden afectar negativamente a los pacientes, los investigadores, tanto en el estudio como en el metanálisis, se centraron en determinar cómo tener perro influye en el estado de salud.

Partiendo de la base de resultados de estudios anteriores que demostraron que convivir con un perro alivia el aislamiento social, mejora la actividad física e incluso disminuye la presión arterial, llevaron a los investigadores a creer que los dueños de estas mascotas podrían tener mejores resultados cardiovasculares en comparación con los no dueños.

Para probar su hipótesis compararon los resultados de salud de los dueños y no dueños de perros después de un ataque cardíaco o un derrame cerebral utilizando datos de salud proporcionados por el Registro Nacional de Pacientes de Suecia.

Los pacientes estudiados eran residentes suecos de entre 40 y 85 años que sufrieron un ataque cardíaco o ictus entre 2001 y 2012.

Los resultados evidenciaron una clara ventaja para los dueños de perros. En comparación con las personas que no tenían un perro, los investigadores encontraron que para los dueños de canes, que viven solos, el riesgo de muerte tras un ataque cardíaco fue un 33% más bajo, y un 15% más bajo para aquellos que viven con una pareja o un niño.

El riesgo de muerte tras un ictus para aquellos que viven solos fue un 27% menor si tenían perro y un 12% menor para los que viven con una pareja o un niño.

Si uno tiene perro sabe que está obligado a salir a pasear un par de veces al día, se verano o invierno, llueva o haga sol. Esta actividad física de forma rutinaria influye a una disminución de la depresión y la soledad. Un hecho probado en estudios anteriores.

“Sabemos que el aislamiento social es un fuerte factor de riesgo para peores resultados de salud y muerte prematura. Estudios anteriores han indicado que los dueños de perros experimentan menos aislamiento social y tienen más interacción con otras personas”, apunt Tove Fall, profesor de la Universidad de Uppsala en Suecia. “Además, tener un perro es una buena motivación para la actividad física, que es un factor importante en la rehabilitación y la salud mental”, añade.

Los investigadores revisaron además datos de más de 3.8 millones de personas extraídos de 10 estudios diferentes para un estudio de metanálisis compuesto. De los 10 estudios revisados, nueve incluyeron la comparación de los resultados de mortalidad (de cualquier causa) de los dueños y no dueños de perros. Cuatro de estos estudios compararon los resultados cardiovasculares de los dueños y no dueños de perros.

Los investigadores encontraron que, en comparación con los no propietarios, los dueños de perros experimentaron un 24% de riesgo reducido de mortalidad por todas las causas; un 65% de riesgo reducido de mortalidad después de un ataque al corazón; y un 31% de riesgo reducido de mortalidad por problemas cardiovasculares.

“Tener un perro se asoció con un mayor ejercicio físico, niveles más bajos de presión arterial y un mejor perfil de colesterol en informes anteriores”, explica Caroline Kramer, profesora asistente de medicina de la Universidad de Toronto y científica endocrinóloga y clínica en Centro de Liderazgo Sinai para la Diabetes en el Hospital Mount Sinai.

“El siguiente paso en este tema sería un estudio de intervención para evaluar los resultados cardiovasculares después de adoptar un perro y los beneficios sociales y psicológicos de la propiedad del perro”, apunta Kramer.

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