Animales

La relación entre la medicina tradicional china y el dramático declive de la población mundial de burros

Un nuevo informe revela que el número de asnos podría reducirse a la mitad en cinco años por culpa de las supersticiones orientales.

burro

La piel de un burro puede parecer, a simple vista, igual de atractiva que la de cualquier otro équido. Sin embargo, según la medicina tradicional china y las supersticiones orientales tiene un valor especial, ya que contiene una especie de gelatina que sirve para elaborar un remedio conocido como ejiao.

Esta substancia, que se vende a unos 325 euros el kilo, se obtiene friendo la piel del burro. Se le atribuyen, entre otras, propiedades antienvejecimiento, la capacidad de sanar la anemia mejorando la producción de sangre, la de curar resfriados e incluso el insomnio.

Según un informe publicado este mes de noviembre por la oenegé inglesa Donkey Sanctuary , la población mundial de burros podría reducirse a la mitad –es decir, de 44 a 22 millones de ejemplares- en los próximos cinco años debido, precisamente, a la creciente demanda de burros en Asia.

Según este documento, cada año se sacrifican 4,8 millones de burros para satisfacer la demanda de la medicina tradicional china, lo que ha hecho que las poblaciones de Brasil, Botsuana y el Kirguistán se hayan reducido desde 2007 un 28, un 37 y un 53%, respectivamente.

Asimismo, el informe alerta de que las poblaciones de Kenia y también de Ghana podrían quedar diezmadas como consecuencia del comercio de pieles.

Otro de los datos relevantes del informe es que el 20% de los burros, muchos de ellos robados de las comunidades africanas que de ellos dependen para sustento, mueren mientras son transportados hasta el sitio donde serán sacrificados por no proporcionarles nadie ni el agua ni el alimento que necesitan para sobrevivir.

La demanda de estos animales es hoy tan alta que su precio se ha doblado con respecto a lo que se pagaba por ellos en 2016. Además, según el informe, se están sacrificando incluso yeguas preñadas, potros jóvenes y burros enfermos y heridos, ya que se sabe que las lesiones y enfermedades a menudo no afectan la calidad del cuero.

Todo esto deriva del hecho de que la población de burros ha decaído un 76% en China desde 1992, con lo que el país ha tenido que recurrir a las importaciones para satisfacer su demanda. En este sentido, a principios de este año, el gobierno chino redujo los impuestos a la importación de asnos del 5 al 2%, lo que hizo saltar todas las alarmas entre los activistas.

Hace años que China decidió acudir a África para abastecerse de burros en vez de poner remedio a esta insostenible situación, lo que ha hecho que países como Níger, Uganda, Tanzania, Burkina Faso, Mali o Senegal prohíban la exportación de burros a China para evitar su sobreexplotación.

Pero los burros no son las únicas víctimas de la medicina tradicional china, pues también lo son los osos tibetanos (Ursus thibetanus), de los que se aprovecha la bilis por su supuesta capacidad de curar varios tipos de cáncer, ciertas enfermedades hepáticas e incluso la epilepsia, unas propiedades curativas que generan unos 2.000 millones de dólares cada año.

Por ello, las granjas de esta especie de osos son comunes en Asia. En concreto, se aprovecha el ursodiol de la bilis de los úrsidos, un ácido que sólo estos animales producen en cantidades significativas.

Además, la medicina tradicional china se sirve de la vejiga natatoria de un pez mexicano de grandes dimensiones llamado totoaba (Totoaba macdonaldi) para aliviar las molestias durante el embarazo o reducir los dolores articulares, entre otros.

Esta vejiga se conoce comúnmente conocida como “la cocaína acuática” por su elevado precio, pues en el mercado negro chino un kilo de este órgano puede costar más de 8.000 dólares.

Sin embargo, esto no es lo más grave de todo, sino el hecho de que los agujeros de las redes de pesca que se emplean para pescar este pez son del mismo tamaño que la cabeza de la vaquita marina (Phocoena sinus).

Se trata del cetáceo más amenazado del mundo, pues su población se ha reducido velozmente en el último año en el último rincón del planeta en el que sobrevive, el golfo de California, lo que ha situado a la especie al borde de la extinción.

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