Animales

Hallan pez de 10 mil años en San Pedro

Fue hallado en Argentina el fósil más completo de un antepasado de la Vieja del Agua. Pertenece a la familia de los loricáridos que vivió hace más de 10 mil años.

Foto: Clarín.com

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Un equipo de arqueólogos descubrió los restos de un pez acorazado que vivió hace más de 10 mil años en ríos argentinos. Por sus características, el fósil pertenece a la familia de los loricáridos, una especie que localmente se la conoce como “Vieja del Agua”. Se trata de un ejemplar extremadamente raro ya que su existencia se reducen a un pequeño número de piezas en todo el país. De hecho existían, hasta hoy sólo tres antecedentes de hallazgos similares.

Los integrantes del Museo Paleontológico de San Pedro rescataron unas 40 placas óseas, espinas pectorales, vértebras y algunos radios osificados de las aletas dorsales. Además de lograr recuperar la cola del animal totalmente articulada, es decir, armada en posición de vida. El fósil descubierto es el cuarto ejemplar hallado para la ciencia en sedimentos.

“Es complicado dar con restos de peces pequeños ya que sus tejidos cartilaginosos son difíciles de preservar en estado fósil. Por la capa de suelo donde los encontramos, cuyo sedimento data de unos 10 mil años, creemos que esta especie habitó la etapa final del Cuaternario de Argentina”, advierte José Luis Aguilar, fundador del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, de San Pedro.

El pez hallado pertenece a la familia de los loricáridos, del latín lorica, que significa “cuero” y que alude a las armaduras utilizadas en la antigua romana. Son un grupo de bagres cuyos cuerpos están provistos de importantes medidas defensivas: placas, púas y aletas osificadas. En nuestro país se los conoce popularmente como “Viejitas del Agua”, entre otros nombres comunes y son animales de aspecto poco vistoso. Su boca está adaptada para succionar y rascar los fondos rocosos en busca de vegetación acuática de la cual se alimenta.

“Estos peces, del orden Siluriforrnes, que se incluyen en la familia Loricariidae –que incluye alrededor de 96 géneros y 716 especies- se distribuyen desde Costa Rica y Panamá hasta Argentina. Su cuerpo carece de escamas ya que están recubiertos por numerosas placas óseas, así como con gran cantidad de odontodes o dentículos, distribuidos inclusive en los radios de las aletas. Pese a la gran diversidad, los registros de loricáridos fósiles son extremadamente raros”, explica la doctora Evelyn Vallone, del Centro de Investigaciones Científicas y Transferencia de Tecnología a la Producción (CICyTTP-CONICET).

Foto: Clarín.com

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En cuanto a las vértebras recuperadas son bastante cuadradas y extremadamente planas para optimizar los movimientos en el agua. El equipo del Museo también recuperó algunos radios osificados que formaban parte de las aletas dorsales, pectorales y caudales y permitían al pez extender dichas aletas para lograr, así, conducirse en el flujo de agua con total manejo de sus movimientos.

Y si bien la forma y el tamaño de las diminutas plaquetas o escudetes, presentan ciertas variaciones, en su mayoría son de aspecto rectangular, cóncavo y de unos 6 a 11 mm por lado. Su espesor no es superior a 1 mm y poseen una resistencia importante. “El cuerpo del animal estaba cubierto por este sistema de escudos que eran como un arma defensiva ya que lo protegían frente al ataque de otros depredadores”, indica Aguilar.

El descubrimiento comenzó en una recorrida habitual del equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, por la zona de Campo Spósito, un predio ubicado en la zona conocida como Bajo del Tala, a 170 kilómetros de Buenos Aires. A primera vista, parecía el caparazón roto de un caracol pero al observar en detalle se encontraron con algo inesperado.

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