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Argentina: ¿Primer país del mundo con trigo transgénico?

La firma Bioceres ha desarrollado una semilla tolerante a la sequía, pero el campo se opone por miedo a perder mercados internacionales.

Crédito: INTA

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Ningún país ha aprobado la comercialización de granos genéticamente modificados de trigo. Argentina tiene la posibilidad de convertirse en pionera con una semilla tolerante a la sequía desarrollada por la empresa local Bioceres en colaboración con la francesa Florimond Desprez. En campañas agrícolas con escasez de lluvias, la tecnología permite aumentar hasta un 20% el volumen cosechado.

Pero el Gobierno de Mauricio Macri duda en asumir el liderazgo mundial por la oposición mayoritaria del campo. Los productores alegan que el trigo transgénico podría cerrarles mercados debido al rechazo de los consumidores, que ya llevó a desistir a multinacionales como Monsanto.

Argentina registró en 2018 la peor sequía de sus últimos 50 años, que provocó la pérdida de hasta el 40% de su cosecha. Según Federico Trucco, titular de Bioceres, con la semilla HB4 podrían haberse obtenido dos millones más de toneladas de trigo en esa campaña, un 10% del volumen total del trigo cultivado en el país austral. La tecnología fue desarrollada por investigadores de la Universidad del Litoral a partir de un gen de girasol que le confiere la capacidad de tolerar la escasez de lluvias. Es también resistente al herbicida Prominens.

En Canadá y Australia, las multinacionales que estaban ensayando con trigo transgénico lo abandonaron, no porque no fuese negocio, sino porque los consumidores no lo quieren. Entre las empresas que dejaron de lado el trigo transgénico está Monsanto, que renunció en 2004 al intento de comercializar una semilla de este cereal resistente al glifosato.

Santiago Rodríguez Ribas, productor de la localidad bonaerense de General Villegas, señala que Argentina no tiene capacidad para mantener dos circuitos segregados de comercialización de trigo, uno transgénico y otro no. Y augura, que si Argentina comienza a cultivar trigo transgénico, todo el cereal del país entrará en una categoría de menor precio y perderá clientes.

La soja transgénica, el cultivo estrella argentino, se destina a pienso animal, pero el trigo es para consumo humano, lo que provoca mayor recelo entre los consumidores. El pan, las pastas, pizzas, galletas y bollería, entre muchos otros productos, están elaborados a partir de harina de este cereal. Dada la mala imagen de los transgénicos, llevarlos a un alimento tan común ha sido hasta ahora un tabú.

En el último año, Argentina aprobó 12 eventos transgénicos, que incluyeron nuevas variedades de soja, maíz, alfalfa y papas. El trigo HB4 ha pasado el filtro del Senasa y la Conabia, los organismos nacionales que garantizan la ausencia de riesgos para la salud y el medio ambiente. Le falta el último: la autorización comercial de la Secretaría de Agroindustria.

Esa secretaría se opone de momento a su aprobación por el riesgo de perder mercados. La de Ciencia, en cambio, es favorable a impulsar un desarrollo tecnológico propio. Macri reunió hace diez días a los titulares de ambas dependencias oficiales junto a Trucco y otras voces relevantes en el debate y pidió un par de meses para evaluar la situación. En ese plazo, Bioceres buscará convencer a los importadores de trigo argentino, encabezados por Brasil, para que acepten el producto.

Algunos accionistas de Bioceres, como el conocido productor Gustavo Grobocopatel, recuerdan que cuando se aprobaron la soja y el maíz transgénicos también había muchos riesgos, pero Argentina decidió adoptarlos y fue beneficioso para la economía del país. Las exportaciones agrícolas son la principal fuente de divisas: en la última campaña supusieron el ingreso de 22.000 millones de dólares. Tres cuartas partes de la producción argentina de trigo parten hoy hacia mercados externos. Argentina opta por la cautela mientras llama a sus puertas.

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